domingo, 15 de noviembre de 2009

Para Frank Margareth Crow

Ahora mismo estuve pensando tan profundamente en ti, amiga. Quizá suene ridículo decirlo, pero hasta hoy no había sentido de una manera tan certera y evidente (con una ráfaga que recorre el cuerpo, que pausa mis latidos y humedece mis ojos) la forma en que afectas mi vida.
Sé que puedo ser alguien horrible a veces, tan frío y desinteresado, lejano y poco metido en los detalles, que olvido gran parte de los buenos recuerdos y casi nunca estoy cuando realmente se me necesita... me cuesta trabajo asimilar las cosas tan hermosas que siempre me haz dicho, que me han fortalecido y ayudado a creer más en mí, como si solo tú fueras capaz de aflorar esa grandeza. Ahora que he completado ese gran proceso inicial, del cual indudablemente fuiste la mejor parte, es tiempo de darte gracias, y no lo digo porque hayas sido un maestro para mí, o el guía perfecto que siempre tuvo una respuesta o solución(*), nos estrellamos tantas veces, que si nos detenemos a pensar, fué algo realmente difícil (la agudeza de nuestras esencias nos hicieron ver todo con relativa tranquilidad), nuestra amistad ha sido un gran reto, y lo anterior(*) lo digo más bien, porque tu sigues siendo la única persona que en verdad me conoce, la que ha visto mis límites y ante la cual no tengo ninguna reserva: no puedo ocultarte nada, y aunque no nos veamos, con algún afán extraño, terminas siempre por descubrirme con una excatitud mágica, como si el tiempo no hubiese pasado.
Podría decirte tantas cosas, pero hacerlo sería tratar de ponerme a nivelar lo mucho que tu haz abordado y visto florecer en mí, y sin embargo, me quedaría tan lejos de lo que eso en verdad significa, muy lejos de lo hermosa que en realidad eres.
Lo más valioso que la vida nos ha regalado es el poder conversar, serena y largamente. Debo confesarte que no existe una sola persona más sobre este mundo, o al menos no le he conocido, con la cual las palabras sean tan simples y solemnes, con la cual el tiempo parezca no pasar, porque nuestras pláticas nunca son sosas ni vacías, por más trivial que sea el motivo. Francisca, mi Frank, somos tan distintos, pero nos une el amor por este mundo, la capacidad para apreciar lo que es en verdad bello, todo a través de un elemento imprescindible: el poder de las palabras, nuestras cómplices que pueden mantenernos al tanto a pesar de la distancia, y que sirven como un punto de anclaje para sentir que caminas a mi lado cuando me siento solo y sin el entendimiento de nadie, que ejecutan la vida y la muerte, que pueden hundir pero tambien pueden resucitar.
Eres la mejor persona que conozco, por mucho amiga. Pero aunque nunca te hubiera conocido, me sentiría feliz por saber que allá afuera existen seres como tú, que aun sueñan, que tiene fé, que nunca ceden ante el miedo y dejan el alma luchando por aquello en lo que creen. Siempre he sido algo orgulloso, aunque no lo parezca, pero solo en un sentido: el hecho de que no me gusta compararme con nadie y prefiero escribir solo mi historia, sin ejemplos a seguir o lineas dilectas, pero, creo que si existe alguien al cual yo podría dictar como lo que debería ser un ejemplo de ser humano, uno que guarda la sensibilidad y pasión de un romántico y la inocencia de un niño, pero fusionado con la enorme fuerza de un guerrero sin límites y la locura de todos los soñadores del mundo. En estos tiempos de violencia y dolor, de frialdad e incertidumbre, estar cerca de ti y poder sentir paz, saber que todo está bien... es lo mejor que me han regalado.
Te debo muchos de los momentos más felices y de los recuerdos que al final marcarán mi vida.
Soy muy afortunado. De alguna forma siempre termino por mezclarme con las personas más raras y fascinantes, talentosas y únicas, pero dentro de todas esas estrellas eres la más brillante. Y pues, que más podría decir, eres uno de mis mayores orgullos, mi doc, lo más cercano a un ángel, hasta ahora y después de mi madre, la mujer de mi vida, la que más amor me ha profesado, y porque así lo he decidido, aunque sea algo simbólico, eres mi eterna amante de la luna.
Te quiero.

No hay comentarios: