miércoles, 24 de diciembre de 2008

Asincronía

El tabaco húmedo, con su añejo artificial que recuerda un rancio encierro enmohecido... hombre hecho de madera vieja, termitas espectrales carcomen todo rastro.
El tabaco último se ha extinguido, los rastros del humo llevan en sus alas trémulas trozos amorfos de mi alma.

La noche es una ramera, cómplice traidora del deseo extinto, serena e inocua me apuñala con su frio aliento de diciembre, tan, tan certero...
Me quedo flotando yo también...

Quisiera, sólo a veces, morir. Hace ya mucho que estoy listo, como anciano milenario que espera inmóvil y perpetuo un tiempo sin compás que se alce como nota final, canto réquiem.
La corriente mendiga de hada maléfica encanta el espacio en que paseo ignoto, sigo unos pasos, más no sé de quién...

Mis reservas se acercan al límite más bajo, se están agotando y debo aceptarlo.
Ya no puedo absorver más la luz de este mundo, y en tinieblas quimeras me engullo, en arroyos de murmullos bestiales sucumbo, aproximándome a la quietud del sepulcro.

El árbol se ha secado y su última semilla.
Los grillos infernales cantan versos póstumos, versos de hojarasca.
Se seca también la flor, y con ella el corazón.
Se interrumpe y mancilla...
Arrastra ventizca...