domingo, 14 de septiembre de 2008

He despertado. Fué un sueño largo; en él parecía ser otro, un alguien común y sin dobles vueltas, corriente como las banquetas, los autobuses y algo que llaman amor (dícese del invento apócrifo que se utiliza como relleno de las propaias carencias humanas y el vacío existencial que conlleva el saber que no se sabe nada y nada se és).
Todo está como lo había dejado, y me gusta ese desorden de las cosas.
La locura es mi estado más lúcido y cabal; las sinfonías que resuenan al fondo, mis oscuridades y tempestades, las viejas almas sinisestras que acompañan mis pasos, los reflejos de los paralelos mundos y los universos que explotan en mis manos.
Universo, me encanta la palabra universo, amo la palabra universo... tan vaga, tan eterna, tan efímera, tan llena y tan vacía, lo que habla mejor de mi esencia (si me dijeran descíbete yo diría: "universo"), universo, universo...
Pues si, desperté, y que puedo decir, pues, ni sé si valió la pena, me siento igual que siempre, como una patada en el culo, solo que en mi letargo le llamaba sufrir, esperar es el peor de los sufrimientos, y eso que yo creía que solo se podía esperar en las paradas de los autobuses y en citas (bueno, en esas a mí me esperan), pero no, también se puede esperar la nada, se puede esperar el tener que esperar sin que las cosas lleguen... me cansé.
Ya no debo jugar con las personas, es malo, es feo. Ya no debo jugar conmigo a ser alguien, que me queda grande la vestidura de "algo" siquiera. No entender lo que soy es mi realidad, es mi mayor verdad, no ser es lo que soy, no ser es lo que hago mejor.
Pues si, hice caso a mi naturaleza humana, y conocí un apartado de mi vida que estaba pendiente, solo para ser probado y pasar a ser como todo el resto, un archivo más.
Estaba recordando algo, que tiré mis piezas, pero casi olvidaba que conservé el tablero.
Solo falta una cosa más, el único tema que aun me desgarra y debo vencer: la muerte. Es ya mi única misión como ser en este mundo, ya nada vendrá a sorprenderme, ya no hay máximos y mínimos, creo que no habrá muchos motivos rebuscados o cosas que quiera por los cuales sonreir, pues apenas y los cuento con mis manos, es más, son 8 y por que no, los menciono: quiero tener una habitación para mi solo, quiero tener muchos libros poco interesantes, quiero poder ver al mar por la ventana, quiero unas botas de minero, quiero un sombrero bonito y gris, quiero un árbol enorme en un jardín, quiero un chofer confidente que me lleve a cualquier rincón de la galaxia, quiero digna y ligeramente morir.

No pido mucho. Ya que me queda. A disfrutar el no-sabor de la tarde, con todo y éstos 1000 años de tiempo que cargo a cuestas...
... la arena, el viento, hace frío... pausa... respiro.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

La vida es hermosa!