sábado, 22 de marzo de 2008

Encierro.

No puedo hacer mucho. Me detengo. Mis límites son apenas las puertas de la casa; son muy fuertes, no puedo abrirlas (pueden ser mis manos muertas, que no tienen el poder suficiente de girar la manilla o es muy probable que no quiera salir realmente). Prefiero quedarme a jugar que estoy contento, con un escenario de canciones de suave amargura y con mis complacientes damas de compañía, las luces apagadas.
No hay prisión más cruel y gris que la mente. En ella puede haber mil laberintos, donde eres uno más con tus pensamientos, reos que aturden de pasados, pasiones y lamentos.
Quisiera hablar del alma encendida, quisera hablar de amores, de esas cosas que no me atrevo a imaginar... ¿por qué no? si estoy hecho de carnes e incendios, si no soy santo revestido de mantos divinos y unciones aromáticas incapaces de despertar... son desprendibles los míos, me los puedo arrebatar. En mi oscuridad soy tierra desértica que los segundos escarban hasta agotar los silencios que existen entre las olas cálidas y el suelo hambriento de humedades.
Mi alma puede amar, puede abrazar la eternidad y hervir hasta agotar los mares.
Mi noche suave, mi putilla azul. Dama de complacencias que en intentos escarpados me cubre de constelaciones y rocíos que salpican de sales y soledades... después ya no es más que bruma, tan mortal como los hombres, que se pudren en hierbajos y débiles palpitares.
Así de fácil como és, fácil me deja recostado como sol apagado, y entonces soy sol que duerme vencido de embestir tiempos acompasados que no pasaron y blancas nubes que se condensan en rincones como fantasmas, amores que no fueron... es tan solemnemente sucio. Y me siento nada.

El laberinto desaparece, pero me he quedado avergonzado de cielos rojos, y de la tauromaquia paso a sepelio de atardeceres, y me arrastro a donde no pueda ser visto por nadie, para morir de purezas corrompidas con alfil adolorido de sacudidas y desaires... y duele, duele algo en mi pecho; no es mi corazón que agita, es mi alma que en desconsuelo llora de profanación y engaño. La abrazo, le beso y rendido me pierdo de abrupta realidad.
Al despertar soy poco menos que nada, soy la nada.

martes, 18 de marzo de 2008

Discurso de charca noctámbula.

Anoche estuve caminando por prolongados y profundos vados desvelados, rodeado de hadas mortíferas que sutil me espanté como a moscas, y pude llegar entre los zumbidos quedos a un lago donde desembocana el río de amargura noctámbula, y ante el reflejo de platas y lunas por un momento pude olvidar mi ira y desvanecí cual hojas cortantes del viento y el espacio... vi luceros en la fuente cristalina, vi infiernos congelados que aguardaban el primer rayo apocaliptico de los finales de mis historias, para despertar y destruir todo a su paso. Esto fué lo que en áquel momento logré pronunciar:

"Y sigo aquí... tan anudado como al principio, tan cambiado como espere mi alma en cualquier fin. Vuelo a temblar y me apodera la duda, como raices que nacen de mi estómago y que me crujen por dentro (es un susurro no mientas...).
Me sigue el viejo fantasma cuando niño, y en el mismo rincón de fausto castigo me obliga constante a repetir: por qué es mi alma tan dócil, por qué es mi mano tan frágil, por qué todos caben en mi corazón [?]...
Y olvido el recelo, y me arrebato la ira, otro trago amargo, otra muerte en vida; y huye el olvido que no me responde, ésta vez se escapa y me deja libre un hueco de universos, una oportunidad de terror. Y es que solo no puedo estar con mi angustia e incontrol.
Me dan miedo mis ojos, me dan pánico mis propios monstruos (ssh!...yo los hice) los que incluso a mi pueden destruir. Es un decline escabroso sin fin (la caída libre o el combate cuerpo a cuerpo, es una difícil decisión).

Hay un fin que espero, que quiero forjar con el duro semblante de un vientre rastrero que esté en andanza constante. Yo no soy de nadie! ninguna dinastía habrá de enseñarme a vivir. No soy ningún acabose, hay hierro fundido que hierve dentro de mí.
Y parecen pelear mis ojos: uno ama y esconde su brillo bajo el temor, más tiene el suficiente poder para detener al otro, su hermano que es cortante jaspe, que es una brasa ardiente y me cuece la mirada; relámpago furgón que no se enternece, y me quema a mí, a su varón clemente, al que ofuscado por los vientos al llegar la noche gime como un dragón.
Y le grito al mismo vacío interno, me miro al espejo y lo noto, que me soy extraño hasta el más mínimo gesto, que me soy incontable hasta el último pelo y tiemblan, entonces si tiemblan, mis ojos, mis ojos, mis diablos ojos.
Y no me gusta ver mi reflejo y no me gusta escuchar mi voz, pero al resonar el eco de mi servida traición viene el verdadero castigo que me logra transparente y por dentro me puedo ver, y es como un libro abierto, como un fámelico perro cojo y jolín, que ante una manada de chacales no tiene nada por qué temer (sin un hogar, sin un amo, sin un calor).

Veo el pasado. El antiguo entresijo se proyecta como agua diamantina hirviente de futuros y acabsoses cabales. Hecho a al fuerza de sus debilidades mismas y de la dilecta fortaleza que terminará en cenizas, negras y flotantes cenizas (el fuego lo consume todo... no deja nada ni para los demonios carroñeros).

Sorpresa! Un cambio súbito. Mi cara de imbécil se extraña ante un ceño que por fin frunció y quiere ser despiadado contra quien se haga merecedor. Vuelven antiguos rostros que de la escarnia se hicieron elección. Escucha sabiamante lo que el dios segundo le dijo: nunca dar más ni de menos, que los excesos son pecados y dar solo lo necesario nutre al corazón, por que te das un lugar tú, sin quitarle nada al otro.

Volteo a mi mesa que flota sobre hilos de locuras ajenas, donde la burda filosofia sustituyó al flagelante rincón; hay mucho polvo acumulado, y sé ahora que es el causante de mis quebrantes y mi tos. Hoy no puede más contenerse y las ondas-dunas se derraman en seco monzón... llorar es como un punto de fuga en el mar, mar de desconcierto habitado por bestias, cuyas fauces liberan rostros espectrales desenclavados de mi techo, que alguna vez acomañaron mi rumbo, fueron encerrados en prisiones y desde entonces en mi pecho les gusta vivir... serpientes infinitas que a su moribunda realidad se aferran condenándome a su celda vigilada por el estático centinela que disfruta mi arrodillo tras mi pierna rota.
En ella paso noches en vela, con un simple candelabro que imita la inaudita esperanza que mis rincones vadea.

Me habla tras pautas el reflejo (no te engañes... no me engañes). No voy a mancharme de prefrabricada bondad, no esparciré sangres blancas, no mantendré una sonrisa permanente y una alegría sin motivo, cuando me agrieta la cabeza el martillo del mundo con su estruendo de miradas castigadoras y señalantes (lo he visto en otros, más no tengo por qué ocultar). No quiere ver mi estrecho camino de espesuras, sin precipicios, sin vértigo... como ésta laguna donde flotan las hojas, dondeno soy tormenta, sino apasiguo la orilla seca de frescuras y tintineos (más aun como esperaba, a mi puño le gusta ser también duro, y el solo sin mi orden en dos distintos me ha partido, en dos distintos que por fin se mezclan).

No me hundiré! No! No habrá de importarme lo que de mi se diga. Escupo la tóxica amargura que de mis rostros se hicieron marbete, que a mis bizarros gestos enmustiaron cayendo en cuenta resignado a esconderme en la maquinal magia de las letras, letras pendulantes, miserable manía, como mi destino pendulante, como un faro en el día... que son un tren de ida y regreso.

He de levantarme, así, me presentaré ante bestial público con un decreto histórico, con un edicto tajante! Está bien, lo acepto! que más puedo decir... llora chiquillo, llora marica, llora cristal roto! coman de mi pecho y alimenten su escarnia, arrojen al espantajo, pisotenme cual sabandija asquerosa y esparzan mis entrañas en festín sucio de apologias no cumplidas.
No escondo nada. Ahora es tiempo. Aunque sea lenta la agonía, como miles de zarcillos pendientes a mis párpados, que emprenden la venganza por tal decisión.
No insulta!
No maldice!
De su antes no se queja y de su estupidez no se arrepiente. Ya no importan los trozos de alma perdida, ya no importan las carnes podridas, ya no importan las guerras fallidas... ya no existe todo lo que pudo ser perdición.
Adiós mal recuerdo...
Lo sé. Se que soy fuerte y que me adoro a rabiar aunque a mi efímero ser no entienda, aunque dolido y perdido me sienta después.

Dejé atrás el misterio de mis ojos, misterios de sed y un oculto céfiro atroz que no debe ser malo ni bueno, ni esto ni aquello, hasta lo inconcebible que pueda descartar cualquier definición ante las leyes del hombre. Solo és, solo quiero ser.
Me he alzado de mis restos. Lucharé en eternidad para no volver a ser preso.
Lo recordaré cuando con rabia me vea."

Y después de tan aburrido discurso de charca, me ví llorando frente al reflejo y mis lágrimas eran negras y las quité de mis mejillas... pude sonreir.

lunes, 17 de marzo de 2008

Cosas cercanas.

Son las 11 y algo de la noche. Debiera como antes resumirme el día, pero no tengo muchos ánimos de recordar cual hueco puede ser mi comportamiento ante los demás. Desde el sábado me he comportado raro, lógicamente, porque me he sentido raro, y es un raro más extraño de lo normal... nisiquiera puedo hacer el esfuerzo de explícarmelo, porque no sé que és y tal parece que no quisera saberlo... me aproximo.
Me han abordado temas tan iverosímiles y bastante surrealistas para alguien como yo; alguien que cree conformarse con hojas de papel blanco (levemente amarillento), lápices del número 2, café frío sin azúcar, muñecos plásticos de acción y recuerdos fácilmente perecederos como calabacines expuestos al sol.
Temas, de esos, como compendios de gordos libros empolvados, aburridos, a los que todos sacan la vuelta en los estantes, (me aproximo)... el peso de aquello a lo que he intentado huir, desde siempre, se me carga y no da espacio ni para voltear la mirada a otro lado que resulte menos atosigante. Hay cosas que debo terminar aceptando, cosas que no pueden (no deben) prolongarse más, al menos no "indefinidamente".
Siempre me dejo deslumbrar por aquello que entra en mi vida en los instantes más precisos. Ya he probado bastantes veces (bastantes) lo que eso significa: emociones fuertes, grandes experiencias, momentos simples sin sentido que gustoso repito una y otra vez sin recordar el tiempo o mis verdaderas razones para caminar, mis puntos direccionales que de alguna manera hacen mas determinados mis pasos, más allá de que crea realmente en todo lo que hago.
Aunque no quiera aceptarlo, me he desviado (mucho), estoy lejos, ya no soy ni la mitad de lo que alguna vez logré conquistar (no es que me reproche, pero ya no sé si estoy contento, porque no sé diferenciar lo que me gusta de lo que realmente es apto para mí). Es tiempo de decir adiós, ya he probado lo suficiente de esas muchas nuevas cosas, por más que logren emocionarme o hacerme sentir bien, lleno, completo... no son sino un reflejo del conjunto de vacíos y frustraciones de todos aquellos que participamos en la historia, al final todo se acabará, tristemente terminará y prolongarlo solo hará más doloroso el desprendimiento.
Quisiera que no acabara, podría detener el tiempo si acaso estuviera en mis manos. Todo seguirá su curso natural, y al final seguiré siendo yo, ése que por algún lapso más recordará y llorará nostálgicamente, mientras los otros se apartan. No puedo pagarme así. Yo soy lo único que tengo, debo cuidarme más y dejar de jugar al hombre.
Me aproximo...

domingo, 16 de marzo de 2008

Cuando el alma está inmersa en pensamientos vertiginosos, perdemos la facultad de la palabra. Aunque he estado perdido y "ocupado" éstos meses, nunca he dejado de estar contigo; siempre he tenido la certeza de que nos hablábamos a través del silencio.
Necesito una compañía para charlar de madrugada, o durante las largas caminatas urbanas. Aunque lejanos, tu has sido esa compañía, aun antes de siquiera saber de tus ojos ni tu voz.
El abismo que me separa de los demás crece sin cesar. A veces pienso: "Este abismo existe porque hay algo incorrecto en mí. Cuando lo corrija, volveré a sentirme cercano a la gente; seré capaz de amarla con un nuevo tipo de amor".

A veces me basta el cerrar los ojos e imaginar que nunca he podido ver la luz, y puedo aproximarme a un estado de profundo letargo y serenidad, donde me siento flotar como una estrella a punto de explotar, y me siento tan solo que rápido despierto y me guardo el tener que llorar... aun tengo miedo.