martes, 29 de enero de 2008

A veces, después de las guerras, donde no queda nada, solo llanuras semidesérticas que afloran de terrores espesos, de amarguras volátiles y vaivenes eternos... repetición, tropiezos en serie y un alma grisácea que apenas si sobrevive, que apenas si anda (alimentarse de sobras, de lo que le queda a la gente, de lo que no te es concedido, si no que tomas a la fuerza apesar de ya haber sido tirado). ¿Cuándo fué que te olvidaste de ti mismo? ¿Cuándo fué que te entregaste al vacío?


Pasar a ser sombra no fué nada fácil, los papeles secundarios son realmente difíciles, y es reprochable el recuerdo de renunciar a tu lado más seguro, el dilecto y brillante, perfecto y sin tantas variantes... antes pudo ser todo, antes fué el mayor sueño.

Y hoy... ¿qué hay de hoy? Todo, apesar de las miles de historias se resume en nada. Siendo sincero no significa nada, y no tengo el temor de perderle. O quizá si.


miércoles, 23 de enero de 2008

Es ligero.

Suena mi canción favorita, la más nostálgica de todas, y en un segundo (como de esos segundos que son más cortos que los normales) aparezco en mi camino predilecto en una media tarde nublada, friolenta de ventizca y hambrienta de hielos perpetuos.

Las olas no quieren hacercarse a la orilla (quizá huelo mucho a pena desastrozamente patética), y se postran en torbellinos que suben al cielo como torres de cristal, de sales que curten el aire que respiro, volviéndolo cómo esa poesía hueca que rellena las babas muertas en el café... el fondo frío del café.

La arena, esas eternidades de mala suerte, de espejos ignotos que reflejan ojos de jaspe de gato negro... vibran estremecidas a mi paso, y pienso "trágame tierra" y vuélveme en tan sencillo estado, complaciente e invariable en el infinito. Pero no, yo quiero salir, yo quiero luchar.

Y regreso unos pasos y le miro de frente y mi lengua se vuelve de dragón, y lame pasionalmente cada partícula de ese aire bofo y les convierte en brazas ardientes y tiembla el piso, le hago la guerra, devoro cual bestia voraz cada cosa que fué de mí, me engullo a mi mismo y ya dentro, flotando en trozos en esa solución residual ácida estomacal, en el abdomen del misterio suscito dulces palabras como de viento de flauta: silban mis llamas en la voz de mil gorriones grises, de esos pajaritos sencillos que abundan en los cables... que abundan en los caminos.

Las torres se rompen, la solas se alegran otra vez! y las dejo agradecido partirme el alma de frescuras y rocíos, hacerme suyo como hoja en estanque y secarme en la sal del olvido... el olvido no es una canción, es una nota final... y se borran mis huellas.

Esta noche no hay estrellas, pero si de lágrimas pude hacer constelaciones, ésta vez de vapores me he hecho una cama de nubes viajeras. Es ligero, es ligero.

viernes, 18 de enero de 2008

Me siento muy mal. Verdaderamente, y no es por mí.

He estado muy lejano y callado. Convivo mucho con la gente en la escuela, es verdad, hasta sonrío, pero la realidad es que aun rodeado de todo ese ejército de compañeros, me siento muy solo, estoy solo. Una cosa es poder conversar sobre cotidianidades e instrancendencias relativamente importantes o entretenidas, pero aun tengo muchas cosas que decir, que quizá nadie esté preparado para escuchar.



Más allá de lo que sale por mi boca (que generalmente termina abofeteándome) tengo una extraña capacidad de sentir las esencias en el ambiente, si, "esencias". Todas juntas pueden resultar muy pesadas, y cómo he estado muy débil me desconciertan aun más, es un ataque masivo, y hago enormes esfuerzos por no sentirme tragado por esa masa de sensaciones, pensamientos y voces.



Pero de todas las presencias, entre las que sobresalen varias, por mi reconocimiento, su antigüedad o luminosidad especial, y además de la de mi hermana que aun siendo sorprendentemente poderosa es ya ligera y habitual para mí, existe una que no me deja tranquilo, no me deja en paz, quizá exagere. No sé como describirla: es muy serena, más bien quieta, pero al mismo tiempo se muestra impaciente, en ella logro sentir un gran vacío, una gran melancolía, una distancia abismal que se remota a lo más profundo de él mismo, y me pone triste, aun sin verle a los ojos.

Éstos días le he huido, y es porque me identifico tanto con eso, que en mi actual estado quedaría desnudo ante su percepción, y no me gusta sentirme así, jamás me ha gustado, y no és que la gente quiera inmiscuirse en mis asuntos, no, no és eso, no soy un paranoico que se siente lo suficientemente interesante cómo para ser un centro de atención, es solo la sensación y la incomodidad que resulta de la misma.

Me preocupa. Me siento muy lejano, pero no le quiero dejar ir, me resulta muy especial y es de las pocas personas que logran distraer mi atención, que me roban energía para demsotrarme que hay seres increíbles fuera de mis dominio escépticos.

Acostumbro obsesionarme con las cosas y con las personas, por eso es mejor mantener una distancia aparente, por que siempre permanezco callado y cuando se me presenta la oportunidad suelo hablar de más, y para alguien que no tiene el control de lo que piensa y lo que siente, es mejor mantener silencio y platicarlo todo con las páginas, donde me siento más libre de mis propios pensamientos y decires.

viernes, 11 de enero de 2008

En el borde de los tiempos.

Cuando llega la noche comienza una marcha habitual que va de mi cama al fin del universo. Mi almohada es el navío perfecto para explorar los rincones de las tierras nebulares, de los nuevos paraísos y los viejos mundos que hace ya eternidades terminaron.
Dormir es como despertar en mi verdadera casa, en ella todo parece tan familiar; olas de polvo solar, planetas danzantes y vacíos propicios para llenarse de espacio. No es tan oscuro... no tanto.
En ese sueño sideral, donde floto como polen de alguna atmósfera extraña, puedo descubrir los velos que separan al hombre de los cielos, puedo ver los ángeles orbitando mares de almas, cantándoles baladas de paz y cuidando los frutos de los nuevos árboles de la vida, que abundan en huertos infinitos que crecen sobre las manos de Dios... y todo eso, y en eso el todo, y no puedo detenerme a apreciarle con detalle y devoción, sigo cual ignorante y caprichoso navegante de galaxias, con hambre de preguntas y no de respuestas.

Cabalgando entre fragmentos de vidas jamás logradas, soy jinete de cometas que son delfines que diambulan hechizados de luz perenne, de luz serena... y realmente floto, y me doy cuenta entonces, que el universo es un mar descomunal dentro de una esfera de vidrio que yace sobre la mesa de una habitación ajena, y miro como un joven se levanta y mira a través del cristal, agita el universo, sonríe y se va. Y sí, ese es el fin de todas las tierras, hasta de las jamás conocidas. Después del gran borde, ya no existe nada. (Vuelvo al sueño)

martes, 8 de enero de 2008

S.O.S

De todos los sinsabores, famélicas esperanzas y desventuras moribundas que acompañan mi nefasta inactividad vacacional, hoy encuentro el punto más alto (o no sé si llamarlo más bajo) de toda esta carga vacía y sin asombro, que en conjunto a las demás penurias que me siguen a rastras conforma una brumosa esencia, de esas densas vibraciones dan forma a un rostro cuya presencia en el aire y en el cénit de mi cráneo es sin duda la expresión de amargura y hastío más impresionante que he visto en mi vida. Es ganas de no tener ganas, ganas de dejarme morir aquí en mi silla, ganas de encerrarme lejos de mí.

Nada encaja, nada tiene un lugar, no puedo pensar, no puedo decir, no puedo reir, no puedo llorar, y quisiera poder desear, poder buscar, poder amar, poder sentir. Algo. Nisiquiera sé que quiero realmente, mi mente está en blanco, de verdad! y lo malo es que no es un blanco de paz, siempre he identificado ese color con la desesperación. He llegado a pensar que lo que los doctores dictaron hace mucho se esté volviendo realidad: voy hacia atrás, las voces, los miedos, la incertidumbre... es como si mi cerebro muriera, ya no puedo recordar, se inhiben mis emociones, y lo mismo da recibir un puñetazo, un insulto, que disfrutar un dulce o hacer el amor. Todo se está "licuando", y en ese proceso a la claridad de la inocencia y la ignorancia, el panorama es confuso, enredoso, iverosímil, tortuoso, pero tan dormido estoy, que nisiquiera puedo ser un buen espectador de lo que podría traducirse cómo tristeza, dolor y hambre de nuevos vientos.

De nuevo, nada me causa emoción ya, nada parece un reto, nada despierta mi verdadero interés, nada me puede sorprender, y de toda la confianza y fé que habia adquirido para depositar en mí mismo y seguir luchando, no queda mucho, se ha desvanecido ya. Y para el colmo de todo, apesar de haber extinguido casi en la totalidad mis "bienes", de ser una limadura residual de lo que fué mi corazón, aun quiero seguir, no sé de donde nace esa pequeña fuerza, pero como un susurro de alguien que agoniza, me sigue llmando, no cómo un "sigue", sino como una simple señal de vida que no quiere ahogarse entre escombros y polvo. Cómo toda víctima de desastre, necesito una pequeña ayuda, un mano que haga salir.

He estado esperando mucho. Quiero salir, en verdad lo quiero. De lo contrario, iré olvidando uno a uno a cada ser que amo, cada ser que he encontrado, y pasarán a ser esas piezas de las que nisiquiera recordaré el nombre, hasta que me olvide de mi mísmo y no haya donde atar los cabos sueltos.

Pensé que vivir de pistas era divertido, que daría un toque de novedad a mis días, pero no fué así. Esperaré al escuadrón de rescate.