miércoles, 24 de diciembre de 2008

Asincronía

El tabaco húmedo, con su añejo artificial que recuerda un rancio encierro enmohecido... hombre hecho de madera vieja, termitas espectrales carcomen todo rastro.
El tabaco último se ha extinguido, los rastros del humo llevan en sus alas trémulas trozos amorfos de mi alma.

La noche es una ramera, cómplice traidora del deseo extinto, serena e inocua me apuñala con su frio aliento de diciembre, tan, tan certero...
Me quedo flotando yo también...

Quisiera, sólo a veces, morir. Hace ya mucho que estoy listo, como anciano milenario que espera inmóvil y perpetuo un tiempo sin compás que se alce como nota final, canto réquiem.
La corriente mendiga de hada maléfica encanta el espacio en que paseo ignoto, sigo unos pasos, más no sé de quién...

Mis reservas se acercan al límite más bajo, se están agotando y debo aceptarlo.
Ya no puedo absorver más la luz de este mundo, y en tinieblas quimeras me engullo, en arroyos de murmullos bestiales sucumbo, aproximándome a la quietud del sepulcro.

El árbol se ha secado y su última semilla.
Los grillos infernales cantan versos póstumos, versos de hojarasca.
Se seca también la flor, y con ella el corazón.
Se interrumpe y mancilla...
Arrastra ventizca...

viernes, 7 de noviembre de 2008

A veces, al andar en la urbanidad nocturna me vuelvo a sentir como si nadie supiera que existo, y que solo me acompaña mi sombra ingenua, que me sigue como un perro fiel, esperando que arroje alguna migaja que sacie su propio deseo de ser, de encontrar un lugar para sí más allá de lo que por lógica adaptabilidad parece estar capacitado para cometer, pero no, se conforma con ser sombra, es lo que saben hacer las sombras, para eso se hicieron.
Todos somos seres dobles, y en la noche nuestros otros "yo" salen a relucir, en la noche hay un doble de todo, un nuevo mundo paralelo nace ante la mirada costumbrista de los automovilistas cansados y los transeúntes vagos que no alcanzaron el último autobús.
Sigo caminando, hace un frío delicioso, mis botas rechinan con el asfalto y en los valdíos anexos a la carretera el viento peina las hierbas secas, componiendo una siniestra melodía acorada por los carros que se alejan.
De pronto siento una nostalgia, pequeña, pero lo suficientemente chispeante en mi silencio, que logra arrancarme una lágrima barata y telenovelezca, que complaciente me atrevo a convertir en nna intrépida cascada salada... ya me duelen los pies, pienso, y no, no me duelen, imagino eso porque las botas me aprietan y me enderezan la postura, son como un instrumento de muda tortura que me mantienen en pacto de castidad con mi simiente.
Quisiera poder salir volando de ahí, pero ya es tarde y los sueños se fueron a dormir, es de imaginarse, últimamente están muy solicitados en éstos tiempos de incertidumbre y decreciente esperanza, van a la baja.
Pensando ésto me he aburrido ya a mi mísmo, lo cual no es conveniente porque aun falta camino para llegar a casa... de pronto, hasta mi sombra se ha ido...

domingo, 14 de septiembre de 2008

He despertado. Fué un sueño largo; en él parecía ser otro, un alguien común y sin dobles vueltas, corriente como las banquetas, los autobuses y algo que llaman amor (dícese del invento apócrifo que se utiliza como relleno de las propaias carencias humanas y el vacío existencial que conlleva el saber que no se sabe nada y nada se és).
Todo está como lo había dejado, y me gusta ese desorden de las cosas.
La locura es mi estado más lúcido y cabal; las sinfonías que resuenan al fondo, mis oscuridades y tempestades, las viejas almas sinisestras que acompañan mis pasos, los reflejos de los paralelos mundos y los universos que explotan en mis manos.
Universo, me encanta la palabra universo, amo la palabra universo... tan vaga, tan eterna, tan efímera, tan llena y tan vacía, lo que habla mejor de mi esencia (si me dijeran descíbete yo diría: "universo"), universo, universo...
Pues si, desperté, y que puedo decir, pues, ni sé si valió la pena, me siento igual que siempre, como una patada en el culo, solo que en mi letargo le llamaba sufrir, esperar es el peor de los sufrimientos, y eso que yo creía que solo se podía esperar en las paradas de los autobuses y en citas (bueno, en esas a mí me esperan), pero no, también se puede esperar la nada, se puede esperar el tener que esperar sin que las cosas lleguen... me cansé.
Ya no debo jugar con las personas, es malo, es feo. Ya no debo jugar conmigo a ser alguien, que me queda grande la vestidura de "algo" siquiera. No entender lo que soy es mi realidad, es mi mayor verdad, no ser es lo que soy, no ser es lo que hago mejor.
Pues si, hice caso a mi naturaleza humana, y conocí un apartado de mi vida que estaba pendiente, solo para ser probado y pasar a ser como todo el resto, un archivo más.
Estaba recordando algo, que tiré mis piezas, pero casi olvidaba que conservé el tablero.
Solo falta una cosa más, el único tema que aun me desgarra y debo vencer: la muerte. Es ya mi única misión como ser en este mundo, ya nada vendrá a sorprenderme, ya no hay máximos y mínimos, creo que no habrá muchos motivos rebuscados o cosas que quiera por los cuales sonreir, pues apenas y los cuento con mis manos, es más, son 8 y por que no, los menciono: quiero tener una habitación para mi solo, quiero tener muchos libros poco interesantes, quiero poder ver al mar por la ventana, quiero unas botas de minero, quiero un sombrero bonito y gris, quiero un árbol enorme en un jardín, quiero un chofer confidente que me lleve a cualquier rincón de la galaxia, quiero digna y ligeramente morir.

No pido mucho. Ya que me queda. A disfrutar el no-sabor de la tarde, con todo y éstos 1000 años de tiempo que cargo a cuestas...
... la arena, el viento, hace frío... pausa... respiro.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

La vida es hermosa!

jueves, 31 de julio de 2008

No puedo dormir... estoy soñando despierto y me hago deslizar adrede sobre caminos urbanos que se irradian adornados por esta noche sútil y siniestra, fría y seca, aturdido por mis propios gritos, gritos hacia adentro, como grandes tragos de agua salada...
He sido demasiado débil y estúpido últimamente, como ataviándome de lujos que no es prudente portar, que inevitable y ocultamente me alejan de la razón, la poca cordura que me queda y de que todos famélicamente gozamos. Esa es una de las guerras más complejas que se libran, la más repetitiva y común ¿que tanto debo creer? Es sencillo hacer perdediza la duda, y querer construir un mundo perfecto e intacto de cosas etéreas que se hierguen solo por el deseo de que así sean... porque sí.
Es indudable, tenemos derecho a creer y soñar, a observar la vida y deleitarnos con lo que acontece en su vientre, pero todo bajo nuestro propio riesgo, el riesgo de saber que las cosas no siempre son como las vemos porque son más bien como queremos que sean o puedan ser y de que tener aquello que anhelamos, no siempre depende de nosotros.
Más vale resignarse siempre ante todo, hay luchas perdidas que seguimos manteniendo en marcha porque eso nos hace felices, engañándonos para jugar a que hemos hecho lo correcto, pero al final nada tenemos. No siempre hacemos lo correcto, aunque eso parezca lo más verdadero en el universo.

domingo, 27 de julio de 2008

A veces ya no sé donde estoy. Y no hablo de una desubicación espacial temporal, sino de un todo compuesto que va más allá de alguna coordenada matemática con la que se define el lugar que ocupa un punto en el universo. Cuando digo "no sé donde estoy" me refiero a un desapego semitotal de lo que significa este mundo. Aun conservo maravillosos puntos de anclaje, unos más fuertes que otros, pero mi percepción de este estadío debe separarse de lo que significa la vida de hombre que todos en parte jugamos a la que como seres cósmicos innnegablemente estamos forzados a enfrentar: ser un individuo total que saber reconocerse a sí mismo para poder sentirse parte de un todo y teniendo este descubrimiento como consecuencia el perder el sentido que lo hace permanecer con los pies en la tierra firme.
Es como volverse loco, pero seguir cuerdo, entender que papel juegan todos e irremediablemente rechazar todo lo que está preconcebido, construído artificialmente al mismo tiempo que se forma parte de ello; somos muñecos de carne plástica en los cuales aun sobrevive ese pequeño destello de luz esperanzadora y pura que algunos llaman alma, el lado humano que nos queda y que va más allá de las leyes del hombre.
Algo me dice que las cosas no acaban aquí, y confortablemente pienso estar seguro de eso.
Sin embargo debo seguir mi curso como lo hacen los demás, porque el final siempre puede vislumbrarse más el camino debe continuar. No me importa el destino, si no el viaje que día a día me colma de "realidad" y me hace recuperar fuerzas para desear que las cosas aun tiene sentido.

Creo que el amor es lo único que siempre queda y es inmutable, estemos inmersos en él o no, siempre habrá de existir: en la observación del horizonte de manera contemplativa, en la realización de un acto bello sobre una hoja de papel, en el acompañamiento mutuo de las horas muertas, en ver sonreir a un niño y recuperar las ganas de vivir o en velar el sueño de un amante que duerme por el efecto de un dulce beso, esas pequeñas cosas hermosas son el sentido de esta vida.

domingo, 20 de julio de 2008

Firmemente

No hay momento en el que puedas decir: "¡Por fin! Lo logré." Siempre hay algo más adelante que impide quedarte quieto, por mayor que sea la armonía que sientas con la vida, tu alma es una espora viajera, dominada por la ley del caos y la incertidumbre.
Uno no puede estar bien con todos ni en todos los aspectos, pero con un carajo, cada quién tiene su propia vida y es lo suficientemente capaz como para sostenerse a sí mismo como mínimo, ninguno de nosotros, hombres, simples mortales, debe ni puede asumir las cargas de sus cercanos, por más doloroso o cruel que sea, hoy no estamos para sacrificios. Los héroes surgen a cada segundo, y hoy en día son mas bien subproductos de la casualidad y la monotonía, "¡Vamos pues, seamos todos héroes!" parece jugar la humanidad.
Ante todo el mayor tesoro que tenemos, somos nostros mismos. Somos lo primero que nos debe importar, y ¿por qué? se preguntaran muchos...
No sé si se han fijado en que siempre se nos invita a dar, y es muy hermoso, pero, ¿dar qué? ¿lo mejor de ti?, y, ¿qué hay de ti? Creo que se nos olvida una parte muy importante, ¿qué hay de nosotros?
Es una gran verdad que es imposible amar, cuando no se ama uno así mismo. Para poder dar debe haber calidad personal, porque de lo contrario estaremos regalando solo sobras, fragmentos incompletos de aquello que aun no tiene sentido ni para nosotros.
Al decir eso, obviamente no hablamos de que debemos llegar a ser seres perfectos y completos para poder ofrecer algo realmente valioso de nosotros, no, más bien se refiere a tener un conocimiento del propio yo, con todos esos atributos y defectos, enigmas y verdades, estar al pendiente de quién somos, que queremos, que buscamos, a dónde queremos ir. Si no somos capaces de atender a nuestras propias necesidades básicas, menos podremos atender las de otros, al menos no de manera conciente y productiva, sería solo como cultivar más de esa "media vida" que arrastramos.
No hablo de siempre pensar en nosotros y tratar de equiparar los recursos disponibles para nuestro bienestar sobre el bienestar de otros, eso sería egoísmo, simplemente es no dejarte arrastrar por el pesimismo y el mensoprecio de las demás personas, que inconcientemente quieren hundirte hasta donde ellos son incapaces de reaccionar aun después de haber tratado de abrir sus ojos. Un ciego no puede guiar a otro ciego, primero debe él encontrar la luz para poder volver y mostrar a los otros el camino.
Cuando nos sentimos llenos y completos estamos en mayor disposición de dar y ayudar, es la única forma de romper con ese ciclo de autodestrucción. Confiar en que los demás pueden luchar por si mismos y renacer, y dar la mano una vez que haz sentado el pié firmemente, es mejor que lamentarse y tener lástima de ellos, aun peor, del mismo lugar donde nacen sus lamentos.

jueves, 10 de julio de 2008

Es increíble como viviendo atento a la vida en toda su expresión, hasta de los detalles más simples e imperceptibles, uno logra aprender grandes cosas de instantes que quizá pasen al olvido, pero cuyo mensaje permanecerá por siempre en ti, formando parte de tu visión de las cosas.
No podemos dirigir el flujo de las cosas, ni forzar del todo la corriente de un río, la naturaleza hace su trabajo, y no debemos olvidarnos nunca, de que pese a que el hombre cree poder transformarla y adaptarla a su concecepción utilitarista, nosotros somos en nuestra raíz más profunda, eso, naturaleza, y estamos eternamente ligados a ella y expuestos a sus sabias decisiones.
Esta gran verdad me hace pensar tambien en lo siguiente que retomo de algo que escuché por ahí: "el pasado es historia, el futuro una sorpresa, pero el presente es un regalo hermoso que no podemos negar, y solo nos toca aceptarlo y vivirlo con esplendor e intensidad". Eso es la vida.
Hace mucho que hice este compromiso, y abandoné muchas de mis "causas" porque me dí cuenta de que verdaderamente no eran importantes, uno siempre puede darse la libertad o el lujo de volver a empezar, tantas veces como sea posible y siempre con una nueva concepción de las cosas, siempre más avanzada que la anterior, despojarse de las ataduras impuestas o vivir en medio de ellas sin perder eso que realmente eres y tanto te ha costado descubrir y aceptar.
Es increíble estar aquí, percibir todo a nuestro alrededor, olerlo, observarlo, vivirlo!
No sé lo que venga mañana, pero siempre podré recibirlo con gusto por que el hoy me da lo suficiente para aprender a enfrentar ese futuro.

lunes, 30 de junio de 2008

Amor, rústico amor. Amor que me suena sencillo, como la ténue luz de la lámpara amarilla, y se esparce como niebla que todo lo enigmatiza, que todo lo marca, a cualquier rincón dónde nuestro deseo nos lleve... y todo lugar se vuelve paraíso, y nuestro amor, rústico amor, tiene de rústico lo que una uva madura de amarga. Nada es terrenal ya, mi universo se reduce a ti, no necesito más para entender la vida.
Pienso en fracciones totales, donde eres el común denominador de mis más preciados momentos.
A veces tras días sin vernos evoco latente varios recuerdos tuyos, esos símbolos espontáneos que hemos vuelto el lenguaje que juega seriamente mostrando nuestros sentimientos más profundos. Nunca vi tanta belleza, tanta grandeza en señales tan diminutas y tan trascendentes al mismo tiempo. Adoro todo de ti, tus ojos brillantes que me gritan en los silencios, y tus labios rojos que me ven con frases ciegas, palabras tiernas y burdas que solo un amor como el tuyo es capaz de pronunciarme. Que fácil he aprendido de ti, tu que nada forzas ni exiges, tu que eres natural y puro como suave corriente de agua marina, convertido en azul tempestad que despierta en la oscuridad.
Amo cuando callas y duermes, en tranquilidad de agua que estanca, y así como en charca cristalina mis dedos rozan la superficie provocando ondas que se esparcen repetidamente hasta chocar con la orilla, y entonces despiertas y sonríes y hierves pero no desapareces, te elevas y llenas los cielos, convirtiéndote en caída, tu blanca piel en la mía, que es como la tierra al amanecer, cubierta de humedad tras la llovizna nocturna.
Y aun en las cosas más comunes de ti, que se han vuelto como la pintura de mi cuarto, veo mi razón reflejada. En tu dulce beso de menta impregnado de sútil tabaco que crees no podré percibir, tus manos pequeñas y manchadas de arte que poderosas y firmes me levantan y me impulsan a seguir por un nuevo camino de color sin fin, y tu corazón, enorme y cálido que amo sobre todo de ti.
Amor... amor!

sábado, 28 de junio de 2008

Visita sabatina

Hola abuela, hola abuelito... cómo están los viejos (?)
Y algo dentro de mi me discute y me disculpa con un "no seas pendejo":
puedo durar hasta un mes sin visitarles y viven a escasas dos cuadras de mi casa.
Como si presentarme fuera casi un insulto hacia sus conciencias y memorias moribundas, más no para sus corazones de maíz y estambre, de lecho frondoso, margaritas y zumo de naranja.
Mis abuelos, mi tata y mi nana, mis primeros padres.
Por lapsus puedo recordar su casa que fue mi casa y todo lo que las cosas han cambiado.

Veo a mi vieja hermosa, con sus ojos tristes y llanos, y sus dos medias lunas grises, su boquita arrugada que sonrié cuando le pido un abrazo estilo "nana consiénteme como si no hubiera crecido nunca y cántame tu tarareo acústicamente arcaico, pero aun más extrañamente bello que el sonido de la trompeta de un ángel". Y Doña Magui aun vive esplendorosa entre los olores de su cocina, en algún lugar de la hornilla haciendo pan casero y tortillas gordas, atole de la gloria y dulce de guayaba atardecer. Camina entre sus flores hoy casi extintas, entre sus pajarillos que hace ya tiempo escaparon y el sol que seca al ritmo del viento que ondula las telas prendidas del tendedero en una magistral danza de blancuras y frescos rocíos. Mi nana, mi dulce nana de colores e hilazas, mi nana de abrazos, mi santa nana del rosario, mi madre de la mañana, la paloma dormida.

Después veo a mi viejo, el señor de los caminos, dorado como el sol de la labranza antigua, con su cabello sedoso y platinado, permanece sentado y sereno, siempre vigilante en la entrada de la casa acompañado de su café con leche y su viejo aparato de radio que sintoniza ayeres que se quedaron detenidos en el tiempo. Mi apá el señor, ése Don Ramón, es el hombre más hombre que conozco, recio como el hierro, terco y testarudamente honorable, me enseñó que la palabra de una persona es poderosa y respetable, y que siempre debe cumplirse sobre cualquier cosa.
El aun vive de la tierra, y todo aquello que siembran sus manos nace y nunca muere, el mismo es un roble aferrado al suelo, al que ninguna tempestad ha sido capaz de hechar a bajo. Mi tata, mi tata el de la pala, mi tata verde e imperecedero, mi papá de las caravanas, el árbol de la vida.

Y poco a poco desaparecen estas imágenes: se va el jardín, enorme y rico, se consume el último leño en el fogón y cae el último durazno, solo vuelan colibríes que llegan y tan rápido como eso se van, y lo dejan solo, solo.

Y yo estoy sentado con ellos, ahora rodeados de modernidad impuesta, té de sobrecitos y televisión abierta. Mis viejos, mis lindos viejos se mesen en un vaivén eterno, acompañándose el uno al otro, hasta el fin de los tiempos.

jueves, 19 de junio de 2008

Ayer salí en el transcurso de esas horas hirvientes, donde el sol vigila desde la atalaya más alta, aguzado, pendiente hasta del más suave deslizamiento sobre el concreto. Salí a resolver asuntos pendientes y cotidianos, de esos monótonos y estúpidos que tienen que ver con filas y muchas, muchas personas. Aún recuerdo como si estuviera ahí, la voz chillante y escandalosa de una recepcionista llamativamente pintada que me pasó con otra persona de un escote abultado y a punto de desbordarse, que no perdió su tiempo en coquetearme agachándose sin motivo para que se le ajustara el pantalón por detrás, la que a su vez me pasó con otra persona, y otra, y otra más... es uno de esos momentos en que te sientes listo para decir: si, quiero morir ahora, estoy listo, he equilibrado mi karma, el infierno existe aquí en la tierra.

En fin, salí de ahí, de la mayor casa de burócratas ineptos y mediocres de la ciudad, para pasar a asuntos más importantes, como el rancio olor a grasa de los puestos de frituras y frutas de la temporada pasada contaminados de heces fecales, por un camino de ardúas pruebas que soportar, como la música norteña, "el duranguense", cumbias de los barrios bajos, señoras gordas con montones de niños detrás suyo, baratijas en venta a granel, moscas y putillas... lo siento, suena muy despectivo y pesimista, pero yo no soy de esos que pueden conformarse con decir "orgullosamente": si, esta es mi tierra, es lo que somos! Sería un insulto hacerlo.

Sigo caminando y por un momento la mancha de personas parece formar un río de deformidad y frustración, cargas y malas caras, estupores y sudores, y decido parar en una esquina y viajar lejos de ahí, mirando como acostumbro el cielo, pero esta vez hasta el hermoso cielo parece negado a continuar y azul se asfixia. Y ya, hecho a la idea de meterme en el río como un amargado más, me hago antes de una botella de agua corriente que decido cambiar por un té helado de un sabor exótico, tanto como los múltiples colores que me rodean en el caos total, entre contaminación visual publicitaria y vestimentas fuera de contexto, asegurando que los modistas, seguidores del feng-shui, diseñadores y publicistas se prenderían fuego y arrojarían al vacío si hubiera un precipio cerca, pero no, lástima, las montañas escarpadas quedan aun muy lejos de la urbanidad. El té me sabe a perfume barato de doña en el camión, aunque aun no me subo a uno, lo espero frente a un puesto de visutería china, de esa que no cuesta mas de tres pesos la pieza, y el camión tarda, y el sol arde como eterna hoguera, y una mujeruca carcajea, con el coro de un infante emberrinchado por un muñeco plástico de acción, la mirada triste de una anciana resignada y su vestido floreado, de un señor testarudo haciendo pleito por la tardanza del camión, el humo tóxico, el cemento gris, todo es un desierto, y las personas somos solo como piedras asoleándose, y, derrepente, entre toda la muchedumbre, aparece insignificante y silenciosa, la mujer, la flaka, la arapienta... un ser cuyo rostro he visto antes en algún parque husmeando entre la basura o en un abarrote comprando shampoo de bolsita. La señora sin nombre, camina, orgullosa a pesar de no ser nadie para alguien (aunque eso no puedo saberlo), y trae entre sus manos una flor de esas sencillas que crecen gratuitamente en los pastos del ayuntamiento, y saborea una paleta de caramelo con sabor artificial, y sonríe, hipnotizada avanza más firmemente que el resto de nosotros hasta desaparecer a la vuelta, dejando el rastro de su arrastrar quedo producido por el "chancleo" de su desgastados taconcillos del calzado que le queda grande.
Quizá nadie se percató de su paso, en fin, el camión llegó y la gente peleaba a muerte por ganar un lugar en su interior... me arde la uretra pienso, necesito el medicamento, pero digo que mi salud puede esperar... solo quiero llegar a casa.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Si tu me lo pides...
soy capaz de guardarme un beso sencillo,
de negarle a mis manos tocarte cual el viento ligero
o cerrarme la boca para aprisionar una palabra
que dulce pudiera pronunciarte,
y es que és lo más natural en mi vida el amarte,
tan natural como la luz de la mañana,
vívida como el ave del amanecer
y suave como un pensamiento nacido de ti.

Si acaso lo pidieras...
sería capaz de congelar mi corazón y ocultarlo a la vista de los otros,
de atar mis impulsos en el más profundo infierno de amnistías,
de abandonar mi causa y entregarme sin dudarlo,
de adjudicarle tu dolor a mi cuerpo,
o aunque nunca lo supieras, por ti desaparecer y morir .
Sería incluso capaz de fingir a la distancia que no te conozco
que jamás mis ojos te han visto y que no soy capaz de reconocerle a tu voz. De decir no, no te amo; aunque en el acto me condene a la peor de las mentiras y al más profuso de los castigos:
saber que puedo estar a tu lado y cumplir del trato mi parte, en las sombras besarte, y reconocer que aun encendiendo todos mis soles, no soy a tu lado mas que el amigo que suele jugar de copiloto, como pudiera serlo cualquier otro.

Si tu lo pidieras... sería capaz.

sábado, 10 de mayo de 2008


Uno que sabe de éstas cosas del amor. La verdad es que no se aprende nada, el amor es, por sí solo, y los seres se aman, sin más que hacer o pensar que entregarse y compartirse.
No debería avergonzarnos el demostrar el amor, cualquier tipo de amor. El amor es tan bello e incorrompible, es extraño y un tanto tortuoso, pero al final siempre nos guía a la verdad.
Yo no se nada, no he aprendido nada...

Desde que te ví sabía ya que habría de cruzarme a tu paso, que besaría tus ojos, que me posaría en tus labios, que mordería tu oreja y tu dedo pulgar. Sabía ya que iba a respirarte y a sentirme lleno con solo fijar mi vista en la tuya. Qué hermoso és! que milagro más grande nos han concedido, que poder más enorme es amar. Me haz hecho descubrir lo que ignoraba en mí, me gusta ser quién soy cuando estoy a tu lado, eres el espejo que todo lo enaltece, tu cosechas lo mejor de mí y así vivir vale la pena, despertar vale la pena porqué tu estás acompañándome, porque puedo ori tus pasos junto a los míos y vas por el mundo mostrándome las cosas a través de tus ojos. Y amo cada extensión tuya, tu luz más brillante y tu sonrisa que todo puede resucitar, amo tus carencias y tus ásperas mejillas, amo aquello que no sé de ti, y tus manos las amo, me amo más al amarte, porque eres mi fin.

No se cuanto duran estas cosas. No me gusta pensar en ello.
Por ahora te extraño, alucino tu aroma en el viento y tu cálido abrazo.
Dormir a tu lado, suave lecho de eternidad, es perderse en universos acuáticos, y tu eres pez que nada en mis sueños, en las dulces aguas con las que felices saciamos nuestros largos días, nuestras abruptas soledades que no son ya más.
Yo no sé que decir, al hablar de éstas cosas uno siempre suena tan ignorante y tan vulgar.
Prefiero decírtelo como es costumbre, sin pronunciar nada, y con ese mucho mucho que acompaña la mueca de tu labio al sonreirme, vaya que eso si se convierte en todo.

Uno cree saber de que habla, y la verdad no sabe nada.
Aquellos que dicen y hablan y creen poder definirlo todo, que clasifican y especifican o dictan tiempos adecuados para vivir bajo circunstancias profetizadas, aquellos que dicen que hay amores incorrectos, aquellos, no saben nada.

lunes, 7 de abril de 2008

Mañana no es hoy.

Ya no me preguntes más (no oigo),
ya no puedo ni pensar en otra cosa
que no sea tu, sonrisa!
que ya quiero estrenar,
porque apenas y te siento.
Entra en mis dedos, resbalar.

Quiero verte un dia más y platicar,
aunque ayer te vi, igual no importa
porque sólo quiero oir tu voz,
conversar, analizarte o algo más
lo ocasiona mi cerebro
o un sentimiento más.

Cómo sería!
si no puedo respirar si tu me miras,
y hoy no quiero despertar de mi orgía,
de sueños junto a ti en una vida.

Porqué tendría una forma de olvidar la agonía
y a tu lado poder arreglar el día
y no puedo esperar un rato más.

Porque tendría una forma de olvidar si tu me miras
y a tu lado despertar de mi orgía
de estar junto a ti un rato más.

(Se queda infinitamente diminuta esta letra, comparada con lo que me haces sentir -pero me acuerdo mucho de ti al escucharla- porque no existe palabra alguna, nisiquiera entre las más elevadas de este universo que sirva para explicar lo siento, pienso y vivo por ti. Mi alma y mi deseo de permanecer siempre a tu lado-ser y estar solo para ti- son superiores a mí, tu me haces sacar lo más brillante, quiero ser mejor, solo para dártelo... no quiero que acabe.)

sábado, 22 de marzo de 2008

Encierro.

No puedo hacer mucho. Me detengo. Mis límites son apenas las puertas de la casa; son muy fuertes, no puedo abrirlas (pueden ser mis manos muertas, que no tienen el poder suficiente de girar la manilla o es muy probable que no quiera salir realmente). Prefiero quedarme a jugar que estoy contento, con un escenario de canciones de suave amargura y con mis complacientes damas de compañía, las luces apagadas.
No hay prisión más cruel y gris que la mente. En ella puede haber mil laberintos, donde eres uno más con tus pensamientos, reos que aturden de pasados, pasiones y lamentos.
Quisiera hablar del alma encendida, quisera hablar de amores, de esas cosas que no me atrevo a imaginar... ¿por qué no? si estoy hecho de carnes e incendios, si no soy santo revestido de mantos divinos y unciones aromáticas incapaces de despertar... son desprendibles los míos, me los puedo arrebatar. En mi oscuridad soy tierra desértica que los segundos escarban hasta agotar los silencios que existen entre las olas cálidas y el suelo hambriento de humedades.
Mi alma puede amar, puede abrazar la eternidad y hervir hasta agotar los mares.
Mi noche suave, mi putilla azul. Dama de complacencias que en intentos escarpados me cubre de constelaciones y rocíos que salpican de sales y soledades... después ya no es más que bruma, tan mortal como los hombres, que se pudren en hierbajos y débiles palpitares.
Así de fácil como és, fácil me deja recostado como sol apagado, y entonces soy sol que duerme vencido de embestir tiempos acompasados que no pasaron y blancas nubes que se condensan en rincones como fantasmas, amores que no fueron... es tan solemnemente sucio. Y me siento nada.

El laberinto desaparece, pero me he quedado avergonzado de cielos rojos, y de la tauromaquia paso a sepelio de atardeceres, y me arrastro a donde no pueda ser visto por nadie, para morir de purezas corrompidas con alfil adolorido de sacudidas y desaires... y duele, duele algo en mi pecho; no es mi corazón que agita, es mi alma que en desconsuelo llora de profanación y engaño. La abrazo, le beso y rendido me pierdo de abrupta realidad.
Al despertar soy poco menos que nada, soy la nada.

martes, 18 de marzo de 2008

Discurso de charca noctámbula.

Anoche estuve caminando por prolongados y profundos vados desvelados, rodeado de hadas mortíferas que sutil me espanté como a moscas, y pude llegar entre los zumbidos quedos a un lago donde desembocana el río de amargura noctámbula, y ante el reflejo de platas y lunas por un momento pude olvidar mi ira y desvanecí cual hojas cortantes del viento y el espacio... vi luceros en la fuente cristalina, vi infiernos congelados que aguardaban el primer rayo apocaliptico de los finales de mis historias, para despertar y destruir todo a su paso. Esto fué lo que en áquel momento logré pronunciar:

"Y sigo aquí... tan anudado como al principio, tan cambiado como espere mi alma en cualquier fin. Vuelo a temblar y me apodera la duda, como raices que nacen de mi estómago y que me crujen por dentro (es un susurro no mientas...).
Me sigue el viejo fantasma cuando niño, y en el mismo rincón de fausto castigo me obliga constante a repetir: por qué es mi alma tan dócil, por qué es mi mano tan frágil, por qué todos caben en mi corazón [?]...
Y olvido el recelo, y me arrebato la ira, otro trago amargo, otra muerte en vida; y huye el olvido que no me responde, ésta vez se escapa y me deja libre un hueco de universos, una oportunidad de terror. Y es que solo no puedo estar con mi angustia e incontrol.
Me dan miedo mis ojos, me dan pánico mis propios monstruos (ssh!...yo los hice) los que incluso a mi pueden destruir. Es un decline escabroso sin fin (la caída libre o el combate cuerpo a cuerpo, es una difícil decisión).

Hay un fin que espero, que quiero forjar con el duro semblante de un vientre rastrero que esté en andanza constante. Yo no soy de nadie! ninguna dinastía habrá de enseñarme a vivir. No soy ningún acabose, hay hierro fundido que hierve dentro de mí.
Y parecen pelear mis ojos: uno ama y esconde su brillo bajo el temor, más tiene el suficiente poder para detener al otro, su hermano que es cortante jaspe, que es una brasa ardiente y me cuece la mirada; relámpago furgón que no se enternece, y me quema a mí, a su varón clemente, al que ofuscado por los vientos al llegar la noche gime como un dragón.
Y le grito al mismo vacío interno, me miro al espejo y lo noto, que me soy extraño hasta el más mínimo gesto, que me soy incontable hasta el último pelo y tiemblan, entonces si tiemblan, mis ojos, mis ojos, mis diablos ojos.
Y no me gusta ver mi reflejo y no me gusta escuchar mi voz, pero al resonar el eco de mi servida traición viene el verdadero castigo que me logra transparente y por dentro me puedo ver, y es como un libro abierto, como un fámelico perro cojo y jolín, que ante una manada de chacales no tiene nada por qué temer (sin un hogar, sin un amo, sin un calor).

Veo el pasado. El antiguo entresijo se proyecta como agua diamantina hirviente de futuros y acabsoses cabales. Hecho a al fuerza de sus debilidades mismas y de la dilecta fortaleza que terminará en cenizas, negras y flotantes cenizas (el fuego lo consume todo... no deja nada ni para los demonios carroñeros).

Sorpresa! Un cambio súbito. Mi cara de imbécil se extraña ante un ceño que por fin frunció y quiere ser despiadado contra quien se haga merecedor. Vuelven antiguos rostros que de la escarnia se hicieron elección. Escucha sabiamante lo que el dios segundo le dijo: nunca dar más ni de menos, que los excesos son pecados y dar solo lo necesario nutre al corazón, por que te das un lugar tú, sin quitarle nada al otro.

Volteo a mi mesa que flota sobre hilos de locuras ajenas, donde la burda filosofia sustituyó al flagelante rincón; hay mucho polvo acumulado, y sé ahora que es el causante de mis quebrantes y mi tos. Hoy no puede más contenerse y las ondas-dunas se derraman en seco monzón... llorar es como un punto de fuga en el mar, mar de desconcierto habitado por bestias, cuyas fauces liberan rostros espectrales desenclavados de mi techo, que alguna vez acomañaron mi rumbo, fueron encerrados en prisiones y desde entonces en mi pecho les gusta vivir... serpientes infinitas que a su moribunda realidad se aferran condenándome a su celda vigilada por el estático centinela que disfruta mi arrodillo tras mi pierna rota.
En ella paso noches en vela, con un simple candelabro que imita la inaudita esperanza que mis rincones vadea.

Me habla tras pautas el reflejo (no te engañes... no me engañes). No voy a mancharme de prefrabricada bondad, no esparciré sangres blancas, no mantendré una sonrisa permanente y una alegría sin motivo, cuando me agrieta la cabeza el martillo del mundo con su estruendo de miradas castigadoras y señalantes (lo he visto en otros, más no tengo por qué ocultar). No quiere ver mi estrecho camino de espesuras, sin precipicios, sin vértigo... como ésta laguna donde flotan las hojas, dondeno soy tormenta, sino apasiguo la orilla seca de frescuras y tintineos (más aun como esperaba, a mi puño le gusta ser también duro, y el solo sin mi orden en dos distintos me ha partido, en dos distintos que por fin se mezclan).

No me hundiré! No! No habrá de importarme lo que de mi se diga. Escupo la tóxica amargura que de mis rostros se hicieron marbete, que a mis bizarros gestos enmustiaron cayendo en cuenta resignado a esconderme en la maquinal magia de las letras, letras pendulantes, miserable manía, como mi destino pendulante, como un faro en el día... que son un tren de ida y regreso.

He de levantarme, así, me presentaré ante bestial público con un decreto histórico, con un edicto tajante! Está bien, lo acepto! que más puedo decir... llora chiquillo, llora marica, llora cristal roto! coman de mi pecho y alimenten su escarnia, arrojen al espantajo, pisotenme cual sabandija asquerosa y esparzan mis entrañas en festín sucio de apologias no cumplidas.
No escondo nada. Ahora es tiempo. Aunque sea lenta la agonía, como miles de zarcillos pendientes a mis párpados, que emprenden la venganza por tal decisión.
No insulta!
No maldice!
De su antes no se queja y de su estupidez no se arrepiente. Ya no importan los trozos de alma perdida, ya no importan las carnes podridas, ya no importan las guerras fallidas... ya no existe todo lo que pudo ser perdición.
Adiós mal recuerdo...
Lo sé. Se que soy fuerte y que me adoro a rabiar aunque a mi efímero ser no entienda, aunque dolido y perdido me sienta después.

Dejé atrás el misterio de mis ojos, misterios de sed y un oculto céfiro atroz que no debe ser malo ni bueno, ni esto ni aquello, hasta lo inconcebible que pueda descartar cualquier definición ante las leyes del hombre. Solo és, solo quiero ser.
Me he alzado de mis restos. Lucharé en eternidad para no volver a ser preso.
Lo recordaré cuando con rabia me vea."

Y después de tan aburrido discurso de charca, me ví llorando frente al reflejo y mis lágrimas eran negras y las quité de mis mejillas... pude sonreir.

lunes, 17 de marzo de 2008

Cosas cercanas.

Son las 11 y algo de la noche. Debiera como antes resumirme el día, pero no tengo muchos ánimos de recordar cual hueco puede ser mi comportamiento ante los demás. Desde el sábado me he comportado raro, lógicamente, porque me he sentido raro, y es un raro más extraño de lo normal... nisiquiera puedo hacer el esfuerzo de explícarmelo, porque no sé que és y tal parece que no quisera saberlo... me aproximo.
Me han abordado temas tan iverosímiles y bastante surrealistas para alguien como yo; alguien que cree conformarse con hojas de papel blanco (levemente amarillento), lápices del número 2, café frío sin azúcar, muñecos plásticos de acción y recuerdos fácilmente perecederos como calabacines expuestos al sol.
Temas, de esos, como compendios de gordos libros empolvados, aburridos, a los que todos sacan la vuelta en los estantes, (me aproximo)... el peso de aquello a lo que he intentado huir, desde siempre, se me carga y no da espacio ni para voltear la mirada a otro lado que resulte menos atosigante. Hay cosas que debo terminar aceptando, cosas que no pueden (no deben) prolongarse más, al menos no "indefinidamente".
Siempre me dejo deslumbrar por aquello que entra en mi vida en los instantes más precisos. Ya he probado bastantes veces (bastantes) lo que eso significa: emociones fuertes, grandes experiencias, momentos simples sin sentido que gustoso repito una y otra vez sin recordar el tiempo o mis verdaderas razones para caminar, mis puntos direccionales que de alguna manera hacen mas determinados mis pasos, más allá de que crea realmente en todo lo que hago.
Aunque no quiera aceptarlo, me he desviado (mucho), estoy lejos, ya no soy ni la mitad de lo que alguna vez logré conquistar (no es que me reproche, pero ya no sé si estoy contento, porque no sé diferenciar lo que me gusta de lo que realmente es apto para mí). Es tiempo de decir adiós, ya he probado lo suficiente de esas muchas nuevas cosas, por más que logren emocionarme o hacerme sentir bien, lleno, completo... no son sino un reflejo del conjunto de vacíos y frustraciones de todos aquellos que participamos en la historia, al final todo se acabará, tristemente terminará y prolongarlo solo hará más doloroso el desprendimiento.
Quisiera que no acabara, podría detener el tiempo si acaso estuviera en mis manos. Todo seguirá su curso natural, y al final seguiré siendo yo, ése que por algún lapso más recordará y llorará nostálgicamente, mientras los otros se apartan. No puedo pagarme así. Yo soy lo único que tengo, debo cuidarme más y dejar de jugar al hombre.
Me aproximo...

domingo, 16 de marzo de 2008

Cuando el alma está inmersa en pensamientos vertiginosos, perdemos la facultad de la palabra. Aunque he estado perdido y "ocupado" éstos meses, nunca he dejado de estar contigo; siempre he tenido la certeza de que nos hablábamos a través del silencio.
Necesito una compañía para charlar de madrugada, o durante las largas caminatas urbanas. Aunque lejanos, tu has sido esa compañía, aun antes de siquiera saber de tus ojos ni tu voz.
El abismo que me separa de los demás crece sin cesar. A veces pienso: "Este abismo existe porque hay algo incorrecto en mí. Cuando lo corrija, volveré a sentirme cercano a la gente; seré capaz de amarla con un nuevo tipo de amor".

A veces me basta el cerrar los ojos e imaginar que nunca he podido ver la luz, y puedo aproximarme a un estado de profundo letargo y serenidad, donde me siento flotar como una estrella a punto de explotar, y me siento tan solo que rápido despierto y me guardo el tener que llorar... aun tengo miedo.

martes, 29 de enero de 2008

A veces, después de las guerras, donde no queda nada, solo llanuras semidesérticas que afloran de terrores espesos, de amarguras volátiles y vaivenes eternos... repetición, tropiezos en serie y un alma grisácea que apenas si sobrevive, que apenas si anda (alimentarse de sobras, de lo que le queda a la gente, de lo que no te es concedido, si no que tomas a la fuerza apesar de ya haber sido tirado). ¿Cuándo fué que te olvidaste de ti mismo? ¿Cuándo fué que te entregaste al vacío?


Pasar a ser sombra no fué nada fácil, los papeles secundarios son realmente difíciles, y es reprochable el recuerdo de renunciar a tu lado más seguro, el dilecto y brillante, perfecto y sin tantas variantes... antes pudo ser todo, antes fué el mayor sueño.

Y hoy... ¿qué hay de hoy? Todo, apesar de las miles de historias se resume en nada. Siendo sincero no significa nada, y no tengo el temor de perderle. O quizá si.


miércoles, 23 de enero de 2008

Es ligero.

Suena mi canción favorita, la más nostálgica de todas, y en un segundo (como de esos segundos que son más cortos que los normales) aparezco en mi camino predilecto en una media tarde nublada, friolenta de ventizca y hambrienta de hielos perpetuos.

Las olas no quieren hacercarse a la orilla (quizá huelo mucho a pena desastrozamente patética), y se postran en torbellinos que suben al cielo como torres de cristal, de sales que curten el aire que respiro, volviéndolo cómo esa poesía hueca que rellena las babas muertas en el café... el fondo frío del café.

La arena, esas eternidades de mala suerte, de espejos ignotos que reflejan ojos de jaspe de gato negro... vibran estremecidas a mi paso, y pienso "trágame tierra" y vuélveme en tan sencillo estado, complaciente e invariable en el infinito. Pero no, yo quiero salir, yo quiero luchar.

Y regreso unos pasos y le miro de frente y mi lengua se vuelve de dragón, y lame pasionalmente cada partícula de ese aire bofo y les convierte en brazas ardientes y tiembla el piso, le hago la guerra, devoro cual bestia voraz cada cosa que fué de mí, me engullo a mi mismo y ya dentro, flotando en trozos en esa solución residual ácida estomacal, en el abdomen del misterio suscito dulces palabras como de viento de flauta: silban mis llamas en la voz de mil gorriones grises, de esos pajaritos sencillos que abundan en los cables... que abundan en los caminos.

Las torres se rompen, la solas se alegran otra vez! y las dejo agradecido partirme el alma de frescuras y rocíos, hacerme suyo como hoja en estanque y secarme en la sal del olvido... el olvido no es una canción, es una nota final... y se borran mis huellas.

Esta noche no hay estrellas, pero si de lágrimas pude hacer constelaciones, ésta vez de vapores me he hecho una cama de nubes viajeras. Es ligero, es ligero.

viernes, 18 de enero de 2008

Me siento muy mal. Verdaderamente, y no es por mí.

He estado muy lejano y callado. Convivo mucho con la gente en la escuela, es verdad, hasta sonrío, pero la realidad es que aun rodeado de todo ese ejército de compañeros, me siento muy solo, estoy solo. Una cosa es poder conversar sobre cotidianidades e instrancendencias relativamente importantes o entretenidas, pero aun tengo muchas cosas que decir, que quizá nadie esté preparado para escuchar.



Más allá de lo que sale por mi boca (que generalmente termina abofeteándome) tengo una extraña capacidad de sentir las esencias en el ambiente, si, "esencias". Todas juntas pueden resultar muy pesadas, y cómo he estado muy débil me desconciertan aun más, es un ataque masivo, y hago enormes esfuerzos por no sentirme tragado por esa masa de sensaciones, pensamientos y voces.



Pero de todas las presencias, entre las que sobresalen varias, por mi reconocimiento, su antigüedad o luminosidad especial, y además de la de mi hermana que aun siendo sorprendentemente poderosa es ya ligera y habitual para mí, existe una que no me deja tranquilo, no me deja en paz, quizá exagere. No sé como describirla: es muy serena, más bien quieta, pero al mismo tiempo se muestra impaciente, en ella logro sentir un gran vacío, una gran melancolía, una distancia abismal que se remota a lo más profundo de él mismo, y me pone triste, aun sin verle a los ojos.

Éstos días le he huido, y es porque me identifico tanto con eso, que en mi actual estado quedaría desnudo ante su percepción, y no me gusta sentirme así, jamás me ha gustado, y no és que la gente quiera inmiscuirse en mis asuntos, no, no és eso, no soy un paranoico que se siente lo suficientemente interesante cómo para ser un centro de atención, es solo la sensación y la incomodidad que resulta de la misma.

Me preocupa. Me siento muy lejano, pero no le quiero dejar ir, me resulta muy especial y es de las pocas personas que logran distraer mi atención, que me roban energía para demsotrarme que hay seres increíbles fuera de mis dominio escépticos.

Acostumbro obsesionarme con las cosas y con las personas, por eso es mejor mantener una distancia aparente, por que siempre permanezco callado y cuando se me presenta la oportunidad suelo hablar de más, y para alguien que no tiene el control de lo que piensa y lo que siente, es mejor mantener silencio y platicarlo todo con las páginas, donde me siento más libre de mis propios pensamientos y decires.

viernes, 11 de enero de 2008

En el borde de los tiempos.

Cuando llega la noche comienza una marcha habitual que va de mi cama al fin del universo. Mi almohada es el navío perfecto para explorar los rincones de las tierras nebulares, de los nuevos paraísos y los viejos mundos que hace ya eternidades terminaron.
Dormir es como despertar en mi verdadera casa, en ella todo parece tan familiar; olas de polvo solar, planetas danzantes y vacíos propicios para llenarse de espacio. No es tan oscuro... no tanto.
En ese sueño sideral, donde floto como polen de alguna atmósfera extraña, puedo descubrir los velos que separan al hombre de los cielos, puedo ver los ángeles orbitando mares de almas, cantándoles baladas de paz y cuidando los frutos de los nuevos árboles de la vida, que abundan en huertos infinitos que crecen sobre las manos de Dios... y todo eso, y en eso el todo, y no puedo detenerme a apreciarle con detalle y devoción, sigo cual ignorante y caprichoso navegante de galaxias, con hambre de preguntas y no de respuestas.

Cabalgando entre fragmentos de vidas jamás logradas, soy jinete de cometas que son delfines que diambulan hechizados de luz perenne, de luz serena... y realmente floto, y me doy cuenta entonces, que el universo es un mar descomunal dentro de una esfera de vidrio que yace sobre la mesa de una habitación ajena, y miro como un joven se levanta y mira a través del cristal, agita el universo, sonríe y se va. Y sí, ese es el fin de todas las tierras, hasta de las jamás conocidas. Después del gran borde, ya no existe nada. (Vuelvo al sueño)

martes, 8 de enero de 2008

S.O.S

De todos los sinsabores, famélicas esperanzas y desventuras moribundas que acompañan mi nefasta inactividad vacacional, hoy encuentro el punto más alto (o no sé si llamarlo más bajo) de toda esta carga vacía y sin asombro, que en conjunto a las demás penurias que me siguen a rastras conforma una brumosa esencia, de esas densas vibraciones dan forma a un rostro cuya presencia en el aire y en el cénit de mi cráneo es sin duda la expresión de amargura y hastío más impresionante que he visto en mi vida. Es ganas de no tener ganas, ganas de dejarme morir aquí en mi silla, ganas de encerrarme lejos de mí.

Nada encaja, nada tiene un lugar, no puedo pensar, no puedo decir, no puedo reir, no puedo llorar, y quisiera poder desear, poder buscar, poder amar, poder sentir. Algo. Nisiquiera sé que quiero realmente, mi mente está en blanco, de verdad! y lo malo es que no es un blanco de paz, siempre he identificado ese color con la desesperación. He llegado a pensar que lo que los doctores dictaron hace mucho se esté volviendo realidad: voy hacia atrás, las voces, los miedos, la incertidumbre... es como si mi cerebro muriera, ya no puedo recordar, se inhiben mis emociones, y lo mismo da recibir un puñetazo, un insulto, que disfrutar un dulce o hacer el amor. Todo se está "licuando", y en ese proceso a la claridad de la inocencia y la ignorancia, el panorama es confuso, enredoso, iverosímil, tortuoso, pero tan dormido estoy, que nisiquiera puedo ser un buen espectador de lo que podría traducirse cómo tristeza, dolor y hambre de nuevos vientos.

De nuevo, nada me causa emoción ya, nada parece un reto, nada despierta mi verdadero interés, nada me puede sorprender, y de toda la confianza y fé que habia adquirido para depositar en mí mismo y seguir luchando, no queda mucho, se ha desvanecido ya. Y para el colmo de todo, apesar de haber extinguido casi en la totalidad mis "bienes", de ser una limadura residual de lo que fué mi corazón, aun quiero seguir, no sé de donde nace esa pequeña fuerza, pero como un susurro de alguien que agoniza, me sigue llmando, no cómo un "sigue", sino como una simple señal de vida que no quiere ahogarse entre escombros y polvo. Cómo toda víctima de desastre, necesito una pequeña ayuda, un mano que haga salir.

He estado esperando mucho. Quiero salir, en verdad lo quiero. De lo contrario, iré olvidando uno a uno a cada ser que amo, cada ser que he encontrado, y pasarán a ser esas piezas de las que nisiquiera recordaré el nombre, hasta que me olvide de mi mísmo y no haya donde atar los cabos sueltos.

Pensé que vivir de pistas era divertido, que daría un toque de novedad a mis días, pero no fué así. Esperaré al escuadrón de rescate.