sábado, 17 de noviembre de 2007

Como ayer.

Hoy estuve limpiando mi escritorio, depurando documentos, rearchivando carpetas en mi ordenador, desempolvando mis libros. Me acordé mucho de como era antes.

Antes era muy dócil y sensible, era algo casi insoportable (como el color rosa). No podía controlar lo que sentía y perdía el control de mis emociones, por eso me refugiaba en la razón, pero a veces ni eso ayudaba. Después me fuí haciendo más fuerte, más duro, más áspero, y logré contener los sentimientos volviéndome alguien capaz de enfrentar la vida allá afuera.

Y ante ese perfil de antaño, recordé, que hace ya mucho que no lloro. No puedo llorar ni cuando estoy triste, ni cuando algo parece enternecerme, ni ante el dolor. Aunque no he perdido mi capacidad de asombro, la verdad es que mi capacidad de tirar todo al vacío a llegado a su máximo, y me doy cuenta de esto porque ni pensando en el peor de los sufrimientos logro afligirme, ni asustarme.

Me volví de piedra. Quizá sea lo mejor.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Bienvenido.

De los mil Pablos que había, vino el más silencioso de todos, el más oculto, el que nadie predijo, el que parecía muerto y olvidado. Fué suficiente para matar a los restantes.
De todas las veces que estúpidamente he creído cambiar o ser otro, hoy ni yo mísmo puedo siquiera aceptar que me soy más extraño que nunca, porque esto que soy jamás lo supuse, jamás lo pensé, jamás lo quise.

Lo único que he hecho este tiempo es tratar de sentir, dejarme guiar por el corazón. Antes lo consideré casi una insolencia, pero mi querida y vieja amante (la razón) me dió más bien ataduras y recelos que hoy quise deshacer y extinguir.

Me siento más ignorante que antes, casi imbécil. Me es difícil detenerme a pensar en cosas objetivas y cuantificables, me es difícil hablar con fluidez y correcta estructuración. Me he hecho de la calle, de la gente, de emociones y de guerras. Me siento libre.

Este proceso ha tenido sus grandes estragos. Me olvidé de lo que fuí antes, me olvidé de lo que quería, de lo que llegué a buscar alguna vez. Me dejé deslumbrar por las cosas como son, simples, sin vueltas ni dobles facetas, que no siempre requieren una explicación o un acierto.
Me gusta mucho equivocarme, me gusta tanto; me hace sentir tan sencillo, tan despejado, tan común, tan material, que puedo olvidarme de mí, de mañana, de siempre.

Sé que nada me pertenece, que no tengo nada que perder que debo apostarlo todo, no reservarme en lo absoluto cualquier cosa que quiera conocer, tengo el derecho de dejarme hacer polvo, de esparcirme en el aire.

Ya no tengo la capacidad de recordar ni de valorar, nada vale tanto la pena como el hoy, como la gente que conozco a diario, con los que puedo compartirme y sentirme transparente, con los que quieren tomar algo de mí. Nadie me pide rendir cuentas, nadie me espera, nadie me juzga.

Es bueno ser un poco ciego, y un poco sordo. Es aun mejor ser mudo. Es hermoso dejar que los otros tambien participen, que lo otros hagan su parte.

Nací sin nada, nada me llevaré. Voy a entregarme por completo, sin preguntarme si está bien o mal, sin temer las consecuencias. Nada será un hecho hasta que enfrente la realidad.

Así sin más. Bienvenido.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Completo desconocido.

Hoy pensé. Hoy callé... solemnemente como descansan las rocas, los muebles de la habitación y los libros viejos que jamás he hojeado. Hoy me besé en la frente, hoy me quise abrazar. Pero no pude, porque me dí asco. Asco de silencios.

Me reí un poco, de lo fácil que me resulta llorar, de lo mal que me sienta la saciedad, de no entender porque cambio tanto, de sentirme tan solo. Doy vueltas, muchas, a un solo punto, sabiendo que solo giro, que no avanzo, que compruebo una vez más que no espero nada de nadie, ni de mí, ni de la vida... ni de dios. Y no hay razón alguna, no soy feliz, pero tampoco infeliz. Estoy jugando macabramente con un cuerpo y el tiempo.
Que extraño es.

Ya encontré el símbolo universal, el que tanto esperaba, y a pesar de ello me siento como al principio. Me dijeron que era el amor.

Recuerdo cuando niño, que me subía a la casa por horas en la noche, mirando las estrellas esperando a que mi verdadera especie llegara por mí en una nave espacial, les mandaba cartas en globos, les contaba mis cosas, les pedía que no tardaran tanto. Y me veo, de casi 21 años y creo que soy extraterrestre (vaya que se ha alargado la espera). Si no soy extraterrestre, pues mínimo soy una mutación, un adefecio mal logrado, un monstruo. No puedo sentir. Es como estar muerto, porqué a pesar de seguir aquí ya sé lo que es eso, estar bajo tierra, en una tumba, inherte y frío.

Me dijeron que era el amor. Malditos bastardos. Que fácil. Es como decirle a una persona muy enferma que la única cura se encuentra en Júpiter, o como saber el final de una historia antes de saberla. Me han estafado, me han burlado. Lo busqué, lo invité, lo esperé, y ya me cansé, tuve suficiente en este pequeño tiempo. Fué suficiente para darme cuenta de mi incapacidad.

Ya no sé si llamar "amor" a lo que he sentido antes por las personas, porque ya no sé si las quiero, me están resultando, poco a poco, indiferentes, aburridas, lejanas. Solo quiero estar conmigo, esa compañía ya es un reto, no porque sea grande y complejo, si no por que soy tan estúpido y torpe, que apenas puedo cuidar de mí. No quiero estorbarle a nadie. La gente se fastidia muy rápido, no quiere pesos extras. Los entiendo, yo tampoco los querría.

Nadie (el nadie del nunca jamás) es necesario ni esencial. Con o sin, todo puede sustituirse, remplazarse. Esta visión me facilita las cosas, me hace sentir lo suficientemente real como para tirarme a la basura, como para escupirme con desprecio, como para saber que realmente soy insignificante, que soy una mala persona, que he sido hipócrita, mentiroso, que no merezco nada bueno porque así deber ser. Quiero pagar, estoy consciente de ello. No me pesa. Me sentiré complacido de servir para algo, de ser el alimento de gusanos y plantas, así podré verme más bello y vivaz. Quiero sentir el perdón, al menos, si no amo, sabré que esperar cuando muera mi cuerpo. Quiero morir joven, no quiero pesar como un trapo, no quiero quedarme solo de viejo, porque alguien como yo se queda solo. No hay lugar, simplemente eso.

No me tengo lástima. No me provoca ninguna emoción ni sentimiento. Solo és. És.

Hoy pensé. Hoy callé. Hoy me dí cuenta de que si odio (tristemente, quizá sea una confusión más). Hoy, hoy... ¿porqué hay "hoy"?

Seguiré mirando a la gente caminar. Igual y algún un día me canso.

[Dije que era feliz. Me equivoqué, a veces seguimos creyendo en todo... es obvio que en algún rincón algo de mi tiene esperanza, ante el "no" las posibilidades son mas o menos eternas. Pero la esperanza tambien muere.]