sábado, 20 de octubre de 2007

Esas cosas que siempre cambian.

Desde hace más o menos dos meses para acá han surgido una serie de cambios extraños y sorprendentes. No sé bien que es exactamente lo que haya propiciado este giro, pero más allá de preocuparme por no definir una razón lo sufcientemente justa, tal parece que me gusta este estado de las cosas.
Los más palpable que encuentro fué mi separación repentina, de lo que creí por mucho tiempo mi vida, regida por un compendio de reglas y preceptos rígidos que me habian encaminado por una línea sin muchos peligros ni retos.
Hoy, he tenido más tiempo de estar con la gente, de salirme de casa, de reir, de coquetear con chicas, de hablar estúpideces (yo mismo me he sorpendido, ahora formo parte de un equipo de baseball que representa a mi carrera en una liga interna, y hasta me doy el lujo de ir a fiestas).
Creo que he descubierto mi lado banal y mundano (así lo consideraba antes), convirtiéndome en un ser más sencillo y normal, espontáneo y sinceramente, mucho más feliz que antes.
Dejo atrás muchas cosas, que hoy llamo obstáculos o preocupaciones innecesarias, y me doy cuenta del valioso tiempo que estaba perdiendo, ya que la escuela no significa tanto como pensaba... he descubierto cosas mucho más importantes y enriquecedoras: personas con las cuales compartir, a las cuales entregarte, en las que puedes apoyarte.

Ya no me preocupa el futuro, solo importa que sé que quiero ser feliz, como sea posible. Lo demás es solo formalismo.

sábado, 6 de octubre de 2007

Sueño acuático-automatista

Hay un péndulo...
Interminable e infinito
que va de mi casa a la mar,
y en su cadena oscilante pasean las sirenas
se enredan como serpientes y
tienen dientes de megalodón.

No sé de donde se sostiene,
creo que cuelga del colmillo de un gran elefante
montado sobre gaviotas
que vuelan sobre la tarde del espacio
cuyos ojos son perlas que encierran universos.

Siento el vértigo por la altura
y veo hacia abajo el agua... profunda y mística
que guarda ciudades y cetáceos transparentes
nadan mariposas de luz y pasean caballos marinos
con niños blancos montándolos como espuma de ola.

Y veo el horizonte y percibo su fuego
y el sol es la luna ardiendo en pasión.
Y los amantes caminan y se sientan a la orilla
sobre tortugas de jade de donde nacen flores y abejas.
Y es dulce volar, y es dulce mojarse,
y es dulce hacerse arena con el viento...

Y un castillo a lo lejano
impera majestuosidad en sus ruinas
ruinas de eternidad y misterio
que encierra respuestas y está protegido por dragones azules.
Y mis ojos lo ven todo, y la tarde parece cerrarse.

Y veo el sueño nocturno,
y me doy cuenta de que soy uno con la vida,
de que soy uno con los elementos...
de que aun no quiero morir.

Y mi sueño acuático se extingue
Y me veo dormido como en un lapsus acústico
Y me veo flotando en la nada…
En letargo vibrante de telaraña mojada.
Me parto en las rocas, embato contracorrientes,
Me convierto en universo.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Fotografía en escala de grises.

Tengo sueño...
sueño sueños viejos, pienso en tiempo polvoriento, y en brujas montadas en escobas del ayer.
Mi arte es naturaleza muerta, carnes secas y enredaderas rodantes en selvas desérticas.
Y cada bola de monstruosidad engendra un monstruo nuevo, y esos hijos bastardos del pasado explotan liberando sus esporas de cáncer dictador, declarando toque de queda en las calles de la memoria acompasada de amargos desdenes: entonces se detiene dios (ese dios segundo).
Y puedo sentir al máximo una aguja aguda y torcida, y oxidada y carcomida, que se hunde como estoque en mi pecho... y no sale sangre, y no sale nada.
Y quiero morir dormido, en esa agonía de paso entre la cama y el idilio macrocósmico de la noche, ese segundo que te dice, nada es real, no estás quí... y la noche se vuelve mujer, y creo hablarle a una, y le pido un beso, y me muerde, y con sus piernas me aprieta... azul como la arteria racional de mi presente parezco gozar dulcemente del dolor, en esa falsa entrega que dedico a mis sábanas, con esa firmeza de mi entrepierna que más bien parece un adorno de rincón. No, no es fácil.
No es fácil perderte en sopores, ni dejarte tragar por abismos densos y vientres calientes.
Y después de tantas cosas que se pudieran decir, despues de tantas técnicas y escenarios que se puedan pensar, hacer, buscar, acometer... solo suena un silbido, largo y eterno que me transporta al lugar más real del universo: sigues detenido en ese tiempo, invariable y eterno...
como una de esas fotos, que parecen haberse quedado sin alma.