domingo, 26 de agosto de 2007

Sin ton ni son.

Es domingo. Algo tienen los domingos que no se sienten ni como fin ni principio de algo. Solo son paréntesis en la semana. Generalmente amargos o sosos, o sin sabor. Los domingos me viene a la mente el polvo, de ese fino y minúsculo que se atora en todo rincón, por eso generalmente se tiñen de pardo y ventizca, de amarillo hoja muerta o café sin azúcar a media tarde.
Esta solemne pereza o mejor dicho "nefasta instransición", hace que me lamente de tiempo perdido, de espacios vacíos y blancos, del piso sucio de la habitación y del exceso de sal en la comida. Así pues me queda mucho rato para pensar, sin preocupaciones o programación.
Y pienso en la semana, en las últimas dos semanas: el comienzo de este cuatrimestre dejó mucho que desear, no estaré una vez más ni en el lugar que quiero ni con la gente de la que me deseo rodear. Martes largos y apagados, y un lápiz HB que me cuesta trabajo sostener a las 4:30 de la tarde, donde el sonido "Indie" del Jaco (nuevo para mí) se convierte en una nueva inspiración, al mismo tiempo que la hermosa Mariana me toca el trasero y yo tengo que dibujar el del modelo. Los profundos ojos del Héctor-jejéktor, el bebé que espera Sandy, y las presencias del resto de los compañeros aun grises para mí; creo que serán mi mayor novedad en la semana, todo lo que queda de este año, sin mencionar las dos horas que espero los jueves en el comedor, comiendo y esperando, comiendo y añorando, otro lugar, otros aires, otras mezclas.
Siempre espero algún tipo de emoción y quizá ese sea el error, que espero y no busco. Pero si buscar se trata de acabar en jergas, tumultos, sexo y otras gentes prefiero quedarme jugando a mirar las largas filas de individuos que transitan por la escuela, que al final parecen el mismo.
Y volviendo a mi Domingo... no hice la tarea, así acumulo algo de trabajo para el último momento y esa presión energizante sustituya la emoción deseada. Siempre me ha gustado trabajar bajo presión, pensando en todo a la vez e ignorando lo que pasa a mi alrededor. Es como si viviera más en el otro mundo que aquí, en un plano para-dimensional o mínimo pseudoefecto narcótico provocado por algún gas en el aire o por mi misma fisiología endócrina... en fin, me gusta.
No he creado nada el último año, a no ser de los trabajos de la academia de diseño, que no me han gustado, pues no somos libres de pensar aún y nos imponen sus propios gustos los maestros, sus propias escuelas y estilos, en fin, otra de las cosas que es necesario sufrir para poder un día librarte de ellas y poder decir: lo hice.
Estoy yendo al psicólogo, me enviaron por mi "comportamiento" retraído o bien, muy extrovertido. Lo acepto, me encantan los extremos (lo llamo así y no transtorno bipolar medicado, suena mejor) y jugar en ellos porque solo así encuentro novedad en mis días, en eso y en ir al mar. Me gusta mucho el mar, es para mí lo que una mujer para un prisionero sin visita conyugal, o lo que una lata de atún para mi gato, o lo que el verde olivo a mi hermana Tay. Es parte de mí, y a veces siento como me llama, lo escucho en el viento, y me manda desde lejos una húmeda caricia (¿el mar es hombre o mujer?, bha! quizá por eso ambos me gustan en ciertos y muy diferentes aspectos) cuyo intento de provocarme un respiro se convierte en menuda irritación, por la lejanía y el sol, pero sin el sol no lo disfrutaría igual, porque en ausencia se desea, más en permanencia se renuncía en olvidos y despechos. Sin embargo sigo pensando en mar aun nublado, y desnudo pienso en mar, y en mar me acuesto vencido.
Un día más, un día como todos, pero se llama domingo, día de Apolo, día del sol, de la luz y la belleza (de parques y televisión abierta), de beige y verde pistache... de mis pies descalzos que se conforman con al humedad del piso de concreto... quisiera ser espuma, o vuelo de pelícano, o nácar de orilla, de fondo, o red de pescar.
Sin embargo, me gusta ese viento.

viernes, 10 de agosto de 2007

Justo ahora.

Ha sido tanto tiempo de vivir de sombras, de sobras, de comer luz, de devorar rostros, de robar sin permiso almas e historias... estoy hecho de retazos, de trozos, de migajas, de lápiz labial olvidado en vasos, en servilletas, de huellas dactilares sobre vidrio y metal, de polvos, de palabras, de manchas, de fetiches, de recuerdos, de vistazos, de tacto, de basura, de engaño... de mí.

Esa es una de las preguntas más difíciles de contestar: ¿Quién soy? Y no lo sé, soy tantos, soy todos, soy cualquiera, soy nadie. No sé que me mueve ni sé de qué vivo, ni mis alimentos, ni mis altares ni mis aposentos. Hace un tiempo mi mente perdió la claridad.

Justo ahora, en mi estado, ebrio y estúpido, tambaleante, vacío y lloriquero... no sé lo que quiero, ya no sé lo que busco, no sé que es ser sincero, no sé que es la mentira ni la bondad, ni de aquellos mis "enemigos" ni de aquellos en los que puedo confiar. Porque yo olvido, y escondo, y oculto, y regalo y pierdo... y vomito: luces, papel, tintas, amarguras y despechos, sexo, torura y tinieblas, manchas, fuego, cajas y tiempos... el tiempo, una barca hecha trizas, un mar tan profundo... tan profundo.

Que patético "son", no!... soy. Escribo aquí, confiado a que nadie lee, a que es mi lugar de añoranza, de carcazas y de cirujía a corazón abierto. Que en vez de apaciguar más me ahogo... con mi propio vómito, y el agitar de las hadas, de los moscos y moluscos de piedra, de poetas, de saliva, de besos rotos, de ignorancia y de lugares. Lugares, sueños, vidas, lenguas, dedos trémulos, caricias cortantes... me gusta ese viento que me cuenta la verdad, me gusta ese marica que me viene a lamer, a torturar, a decirme cosas, a pellizcarme malosamente... no Pablo, no es cierto, no puto, no... ya estás muerto, muerto estás desde hace tiempo. Y vuela un cuervo.

Que hay en mi laberinto minotauro? Que hay? Hola viejo cómo estás? No recuero mi anterior segundo, nisiquiera mi primero, nisiquiera a los que he pensado, a los que he tocado, a los que he lamido, a los que he robado "pedacitos" de vida, con los que me he compartido, con los que me he conbidado, a los que em he vendido y regalado... una barca hecha añicos, pero que no se unde (mi cabeza da vueltas y mi aliento apesta, apesto al que toco, apesto de maravillas y de luz y de virtudes y talentos apesto, y muerdo mis uñas sucias y escarnio ante las putas flacas y tristes).

Mis hombres, mis mujeres, mis niños y mis perros, las paredes, las moscas, la mierda y rosas frescas... las ancianas platicando, la mano de un alguien que me dió su rato, formas de maldecir y de masticar, traseros y bultos, mujeres hermosas y buenos tipos, cuerpos desnudos, sonrisas lindas, miradas eternas, juegos de canica, columpios y muñecas, mi café frío y el sombrero de mi tío... quiero llorar, quiero morir, quiero sufrir. Quiero morder el verde embeleso de mis calzones bofos, de mi magna estela, de mi mano cercana al talón de Dios, del diablo, de huesos y gusanos que se retuercen en rituales de enrojecimeinto y la televisión cantando múscicas siniestras, y caññejones de olvido, d ebasura y d eviejos, de trabajo de caminata y de fugas... yo el profanador de almas, tumbas para vivos, cajas de secretos, y de los rincones de mi dulce puta azul.

Yo. Pablo. Yo. Jesús, mi santo y olvidado nombre... el zeus, Z, la urticaria, el perro cojo, el egipcio, el dorado, la tierra, el escupitajo, el niño de oro, el joto, el prodigio, el loco, el artista, el mil cosas, la mujer, el bodeguero, el jardinero, el minero, un andrajo, una máquina, un calzón de mujer, mis sandalias, un baño público, señores del tren, niños que juegan felices, milagros, pájaros muertos, serpientes volando, un hermano, un hijo, una amdre, un bebé, un aborto, una bolsa, un pié descalzo, un poeta meurto, un clon, la copia, revistas mojadas, paletas de caramelo, menta dulce, fierros, óxido, jaspe, brasas, un mono, un árbol... el "betta raphaello".

Caray. Justo ahora me siento nada, es feo. Se siente feo. Es feo como un pedo, y antiestético como una mancha en el diente o el discurso mal logrado de un orador. Como esas reglas estúpidas de la escuela, que si un diseño, que si la composición equilibrada, gamas cromáticas, matices, símbolos y publicidad, ventas, éxito, brillantez y talento, rameras baratas, maestros bachatas, tipos raros y perdicicón... mi amado punto rojo, mi amado lápiz azul, mi amado gato engusanado, y aquel camión.

Que importa me dice mi demonio, que importa me dice mi joto, que importa me dice el cuadro antiacadémico de Ocampo en el salón, que importa me dice Picasso, que importa me dice Salvador Dalí, Duchamp, Malevich, Mondrian, Miró, Renoir, Monet, Gauguin, Chagall, Francisco de Goya y el maestro Samuel Corral... que importa me dice la la mesa redonda de mis caballeros débiles y famélicos, de mis apaysos tétricos, la basofia cultural y el sucio culo de José Paz, que importa me dice mi Diana Chan.

Por qué? tantas palabras, tantas aperturas, tantos libros, tantas calles, tantos orgasmos, tantas tardes de silencio, tantas danzas con Dios y sus santos, tantas orgías con mis pensamientos... y no sé nada, y no soy nada, y no espero nada, y no quiero nada.

Quiero secarme el vómito y limpiar mi cuerpo, escarbar mi cabeza y tomar un té muy muy dulce. Quiero ser, quiero cantar, quiero dormir... quiero aires y mar, quiero arenas y sal.

Me quedé solo y justo ahora, me duele la espalda. Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja... no em alcanzan los ja's. Solo mi viejo dolor de espalda, quizá sea lo único realmente constante, quizá sea mi único acompañante.

Justo ahora... que muero.

Aquí estoy, aquí me quedé.

sábado, 4 de agosto de 2007

Gente, urbe, calle.

La entrada de hoy será breve.
Mi mayor fobia son las personas. Sobretodo en un extraño estado llamado gente: cúmulo másivo de eso, masa material y humanidad. Cómo me encantan los retos y sentir cercano el miedo acostumbro mezclarme entre ellos, como uno más, porque al final de cuentas eso soy.
Salir a la calle es todo un reto: una mágica pasarela de rostros, gestos, colores, olores, almas y emociones. Percibir lo que otros piensan y sienten es el don que más agradezco a la vida, es hechar un breve vistazo a sus interiores. Si supieran que en una simple mirada es posible distinguir tantas cosas (me he vuelto un fanático de la observación; facciones, muecas, pequeñas fases y microgénesis a cada instante en un solo plano dimensional, simplemente milagroso).

Me pongo a pensar en la actitud primordial del transeúnte, ese ir y venir indiferente, pequeñas burbujas de frustración que se transporta de la casa al trabajo, a la escuela, a las compras, al paseo vespertino. Me pasa seguido que en una visión egoísta pretendo detestar al que me acompaña a un lado del asiento en el autobús: me molesta su cara, su olor, su forma de mirarme o de no mirarme, su presencia, todo es un silencio inexplicable de hermanastros. Y es cómo me pongo a pensar en ese universo vasto de pensamientos, experiencias del día, amarguras, complejos, miedos, angustias que deben encerrar, y que al igual que yo se siente incapacitado para conllevarlo o controlarlo hasta un momento adecuado.

"Caras vemos, corazones no sabemos" algo así creo que dice un dicho. Desde que logras comprender esa parte de ti mísmo, entiendes mejor a los otros y te unes a ellos en un solemne ritual de mudo acompañamiento. Así avanza la mancha todos los días en la ciudad, terminas el día siendo parte del flujo, y es así con tu lado tan humano y vulnerable como comprendes que eres parte de un gran sistema, una pequeña parte.

Caminar tiene sentido.