domingo, 29 de julio de 2007

Derecho de nacer: derecho a la vida.

Trato de imaginar ciertas "cosas". "Cosas" que duelen, "cosas" que ahí están, "cosas" que se arrancan, "cosas" que se licuan, que se parten, que se comprimen, que se deshacen, que se retuercen, que terminan en la basura o una fosa séptica..."cosas".

Fuera de toda controversia, de razones que existen y no, que son válidas o no, no se trata de juzgar. Lo que está en juego es algo más básico que cualquier idea, motivo o razón. Es algo más allá del entendimiento, es algo intangible, casi etéreo, pero muy poderoso. Algo que se tiene en común con cada ser del universo (es difícil de entender, lo sé, no todos sabemos ponernos en el lugar de otros, no todos afrontamos ciertas decisiones, y quizá tampoco "destinos").

Hay historias...

En algún momento todas las historias se conectan, y parecen contar con el mismo guión, donde solo alternan los personajes. Pero muchas veces éstas historias difieren por sus finales.

Una vez, en un esquema social algo distinto al de hoy, vivía una mujer muy joven, de escasos 19 años, inexperta, inmadura, temerosa, sola. Anduvo por muchos lugares, pisando distintas moradas donde le ofrecieron asilo temporal, cargando solo con su vestimenta y una manta, ah! y con un bulto en el vientre, al cuál no definía muy bien, por el cual no sabía lo que sentía. Solo sabía que ahí estaba y que era su carga, no sé si más pesada que su cobija. Sí, quizá suena poco sentimental, pero que pueden pedirle a una mujer tan confundida y desorientada, a la que se le va el orden del tiempo, de los días, de gente que apesar ve no siente... pasos y pasos, tantos lugares, muchos cerrados y sin a donde ir y además con una carga tan molesta (creo que incluso en una ocasión durmió en el suelo húmedo al lado de un perro, lamentablemente había perdido su manta, y sí hizo algo de frío esa noche, porque el perro murió y no representaba una muy buena fuente de calor que digamos).

Un día, algo dentro de ella (y no hablo del bulto) le dijo que apesar de tantas golpes bajos, de equivocaciones, cachetadas, errores y desaires, existía algo bueno por lo cuál seguir luchando. Ella por un buen tiempo todavía seguía buscando ese "algo", sabía que por ahí andaba. Y ni modo, creo que si se le olvidó una vez más.

Alguién por ahí le comentó amablemente a manera de consejo esperanzador, que posiblemente esa "cosa" que venía traía muchas cosas buenas para ella y el mundo. Quién sabe...

Con toda y esa esperanza insuficiente, la mujer parte, dolosa, rabiante, con todo ese universo de miedo y frustración encima. Ya no quiere avanzar, parece que ha cometido ante los ojos de los demás la peor de las aberraciones (¿es acaso la vida una aberración?) y quiere desistir, no quiere ver el camino, y el viento helado es una anestecia paralizante... y a lo lejos ese coche, que no aprece representar peligro. Y más cerca ese camión, más cerca, casi simboliza una salida fácil y rápida a todo ese peso sin sentido... y el paso adelante, y la oscuridad de la ncohe, y nadie cerca y , ése paso...

en el suelo, asustada y al borde del arrepentieminto irremediable, la mujer se incorpora y ve alejarse el camión.
Sí, quizá ese bulto merezca nacer, quizá todo el sufrimiento y el desprecio valgan la pena.
Y el camino siguió.



Gracias mamá. =)

jueves, 26 de julio de 2007

Infancia presente.

Me gusta mucho escuchar a la gente hablar de su niñez. Época que quizá la mayoría ve como la más inocente, pura e intrascendente para su vida actual (no en todos los casos, pero no falta aquel que la menosprecie o la vea simplemente como un antes, casi como si hablase de otra persona, ajena o totalmente errada y alejada de lo que hoy cree y és).

Es peculiar como poco a poco en ese tipo de conversaciones esos individuos arrojan la información suficiente como para saber el tipo de personalidad que tienen, sus gustos, aficiones, miedos, frustraciones, satisfacciones, puntos fuertes y débiles, creencias, etc., en general un perfil casi exacto de sus características básicas como personas. Esto habla, en cierta forma, de que gran parte de lo que hoy son no ha variado mucho desde aquellos últimos recuerdos de infancia, simplemente se distorsiona, se le adhieren otros factores: crecer hace "madurar" pero al mismo tiempo nos pudre. Apesar de eso crecer es un suicidio necesario, y quizá no sea tan malo como suena.

En mi caso particular, pues puedo decir que fuí un niño normal, solo un poco más atento y serio que otros niños y trataba temas ligeramente más elevados y complejos, nada sorprendente. Lo que si me marcó bastante en su momento, de igual forma que a los "adultos" que me rodeaban, fué la importancia que le di al tema de la justicia y el equilibrio a la edad de 5 años: por qué ésto sí y aquello no, porqué él sí y aquel no, "porqué yo llevo puestos zapatos y ese otro niño no", "porqué hay gente con casa y gente que duerme en la calle". En fin, me dí cuenta a temprana edad de muchas diferencias sin sentido y no solo ha observarlas cómodamente, sino a intentar aportar un poco de lo que podía (agradezco tener unos padres que me enseñaron desde siempre a dar y compartir lo que tenía, por muy insignificante que pareciera).

En fin, con este deficiente ejemplo solo quiero decir que muchas veces los niños (como en éste y muchísimos otros casos) se fijan y centran la tención en "entidades" que los adultos no percibimos adecuadamente, o si las percibimos no nos importan demasiado: temas olvidados.
La pregunta és: ¿que marca la diferencia en la atención que prestamos o dedicamos a ciertas cosas en determinados momentos de nuestra vida? Muchas veces los temas infantiles, rezagados, olvidados o relegados a segundo plano esconden más verdad y sabiduría de la que creemos.

Hoy yo me pregunto: Pablo, ¿cuándo fué que te perdiste a ti mísmo y cambiaste tus verdaderos ideales por dogmas impuestos? A pesar de que al igual que yo muchos dicen y creen seguir siendo "un niño" (por gustos, actitudes y ciertas maneras de ver la vida) lo cierto es que gran parte de nosotros (de ese verdadero YO) yace olvidada en ese pasado que llamamos infancia.
Si hecháramos un vistazo nos reencontraríamos con tantas cosas bellas, sencillas, puras y verdaderamente hermosas, que hasta el más rudo y cabrón de los seres terminaría por rendirse ante lo cursi y colorido de algunos recuerdos, que bien valen toda la pena. Valen la pena porqué se trata de nosotros mísmos, del "YO" que sigue aquí, de "ése" que no se dió cuenta cuándo creció y tiró a la basura viejos sueños, gustos y visiones certeras.

Pienso que lo más grandes sabios de este mundo son los niños, que son lo más preciado y sagrado que tiene el ser humano, quizá de las pocas cosas que aun "sabemos hacer bien" y que pueden detonar en un milagro, con la adecuada guía y un camino correcto.

Hablando de esos niños actuales, me viene a la mente mi sobrino Julián de 3 años que casi cumple los 4 (al cuál llamo Julious, en un intento de sofisticación y cura entre ambos). Julious es un niño sorprendente: habla de manera muy clara y fluida, utiliza palabras muy complejas y sabe de su significado, saca sus propias conjeturas sobre temas especializados y emite opiniones propias, de igual manera cuestiona su entorno y tiene un obsesivo, aunque bien controlado, problema contra la autoridad.

En fin, una de tantas veces que el niño visita mi casa, lo primero que hace es ir conmigo para ver caricaturas (obviamente como todo niño, sigue siendo algo fanático y fantasioso con ciertas series y personajes). Uno de esos días, como comentaba, apareció en la televisión la conocida serie de Power Rangers en su emisión SPD (la Súper Patrulla Delta), inmediatamente Julián se emociona por dos segundos y adopta de nuevo su tranquila posición de "sentarse a dos metros del televisor". En un momento me dice: Tío Pablo, ¿conoces al Ranger verde? Claro que sí -le respondo yo-. A, pues yo soy ése - me devuelve-.
En un principio lo consideré peculiar, primeramente porque es muy común que todo infante opte por ser el Ranger Rojo o Azul, porque son lo más fuertes y tiene armas más poderosas. Entonces le pregunté el porqué de su elección, argumentándole esa comparativa entre los más fuertes y el verde, a lo que él me responde:

"Es sencillo tío, el Ranger Verde tiene poderes mentales... lee la mente, adivina el pasado y el futuro, puede detectar quién es bueno y quién es malo, y sobretodo es muy inteligente. Eso es mejor que ser fuerte del cuerpo".

Simplemente quedé impresionado, no tanto con su característico lenguaje de niño superdotado, sino por su capacidad para diferenciar dichas caracteísticas de otras aun más evidentes, y sobretodo que sepa cuales seleccionar a su gusto y conveniencia. En un futuro creo no muy lejano, cuándo este pequeño ser aprenda a diferenciar la realidad de la fantasía exagerada y desarrolle su potencial, se convertirá en un genio, o al menos no será un estúpido más del montón.

En fin, cosas que pasan. Aprendamos a escuchar más a nuestros niños. Ellos saben cosas que ya quisieran muchos adultos siquiera concebir en un pequeño espacio de sus mentes.
Creo que consideraré seriamente eso de ser padre. Quizá sea muchísimo más satisfactorio de lo que imagino. Siempre hay grandes sorpresas.

miércoles, 25 de julio de 2007

El comienzo.

Hay algo del diario continúo que me sorprende sobremanera: ¿cuántas personas, gestos, rostros, lugares, esencias, símbolos, mensajes, entidades, VIDAS, existen sin que nos percatemos de ello?

Un día aprendí, o mejor dicho, logré darme cuenta, de lo valioso que eran todas las piezas de la rueda de la existencia. Descubrí que puede resultar mágico detener la atención por un instante en estos mundos "perdidos", y quise (escasamente) dedicarme a darles un espacio en mi mente. Entendí que son esas cosas simples y espontáneas, las que le dan verdadero sentido a la vida, y logran darme mucho más que aquellas cosas en las que deposito mi fé o de las cuáles espero cobardemente algo. Esos son los signos, esas son las verdaderas señales: existen.

En un viejo espacio olvidado de otro lugar etéreo y electrónico escribí lo siguiente, lo cuál retomo porque es exacto lo que en este momento quisiera decir:

"El descubrir cosas nuevas minuto a minuto, el conocer los más mínimos gestos de la gente, los espacios perdidos y los momentos sencillos, esa es mi vocación. Ser testigo y confidente de todo aquello en lo que nadie detiene su atención, y plasmarlo por medio de un lápiz en un simple trozo de papel viejo".

Esa fué una primera visión, la más simple y directa. Y estaba aun muy lejos de lo que significa hoy para mí. Hoy debo estar atento a lo que dice mi entorno e intentar plasmar lo que pueda sin menospreciar nada en base a mis conocimientos o frívolos rituales mitológicos característicos de la sociendad contemporánea.

Significa en un sentido ligeramente más profundo, explorar a través de los sentidos el cúmulo de imágenes, sensaciones, percepciones y estímulos posibles y generar a raíz de eso una nueva interpretación sin un fin más allá que la propia fascinación y la complacencia fortuita de mis diversos "alter egos", y por qué no, quizá de otros también.

El mundo es una gran misterio, y mi mayor razón para vivir es descubrir cualquier pista que me lleve a una posible respuesta. Sé que corro el riesgo de encontrar alguna, pero me pregunto, ¿sin eso que otra razón habría para seguir aquí? Mi búsqueda es experimentar con todos los sentimientos y emociones humanas, hechar un vistazo y comprender un poco de ese entorno, y así comprender una parte de mí.

Espero que los interesados encuentren algo de sí en eso que escriba o muestre y de igual forma me "regalen" algo de sí mismos. Hasta pronto.