domingo, 25 de agosto de 2013

Hace meses que no escribo. Me he mantenido en un estado de abstracción. Pude pasar con dificultades el escarpado camino en el que yo mismo me interpuse. Hacer, deshacer, ir y volver, tocar el fondo de mi, revolverlo y darle formas variadas y sin afán preciso. Hoy todo parece más claro, lo demás en nada a cambiado: persiste el mismo espíritu curioso, que deambula olvidadizo e imperdible, tratando de entender más de las cosas, de los "por que" de la gente, de mis propios abismos. Trato ahora de expresar algo, de otra forma. He perturbado mi mente, he obligado a mis sentidos a engañarme, tocar, sentir, probar, imaginar, creer, ordenar, llamar, ser. He profanado los rincones más alejados, exponiendo mi débil chispa a las atrocidades más siniestras, los instintos más bajos, descubriendo realidades que por más larga que haya sido la travesía siguen siendo igual de crudas que al principio. Debo liberar mis demonios, debo dejar escapar la mancha, ahora con un nuevo impulso transformador. La podredumbre que arrastran mis enfrentamientos, mis catarsis y génesis continuas, mi lado más salvaje y humano, por fin han encontrado su curso. Yo tengo un camino, yo no he venido solo a observar las miserias del mundo. Pude conocer mi pobreza, las limitaciones contagiosas, los olvidos y las reincidencias. Ahora la maldad ya no me sorprende, las bajezas de los hombres parecen solo una enfermedad pasajera, un juego que termina mal, no puede cuestionarse mucho a la naturaleza que se ha vuelto sobre sí misma cuando una vez apartada de la luz a ciegas intentó abrirse paso. El cuerpo y la carne, las estructuras ilusorias que se configuran como un puente entre el cosmos eterno y la realidad pasajera, neutralidad. Nos aferramos a las pasiones, a los deseos, a los placeres, porque son la forma más simple de "elevarnos", por algunos instantes, para echar un vistazo al horizonte entre el cielo y el infierno.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Como Armstrong en la luna.

No sé que tanto había bebido. Lo que si recuerdo es cuanto deseaba abrazarle, y ese anhelo me mantenía lo suficientemente sobrio, para que una vez dentro de la tienda pudiera distinguir fácilmente su aliento dulce dormitando a un costado mío. Cerré mis ojos. Soñaba con la inmensidad que nos envolvía desde fuera, ese oleaje pronunciado, los vientos marinos, cosmos de sal y humedad, el cielo más hermoso del que jamás fui testigo, con su nebulosa de orion y su cúmulo de trapecio... había tratado de ganarme su atención enunciándole todas las constelaciones que recordaba, solo para tener su mirada en dirección de la mia, y estuve a punto de decirle cuanto le amaba, aun más que todo lo que conocía, y que era así desde aquellas tardes de academia, en el milsetecientos veintitántos... decirle que algo en mí, me decía que sería el gran pulsar de mi vida... me dejé hundir, sus manos eran un cardumen sobre mi cuerpo y ahí en la arena, en la oscuridad, nos perdimos sin decir nada.

Por la mañana recordé que había yo ya conocido su dulzura, pero ¿Habría sido un sueño? Incrédulo y confundido fui alcanzado por sus ojos brillantes, y con una sonrisa de cómplice que se medio escondía entre las frazadas, comprendí que ya no estaba solo. Nos besamos como dos adolescentes que recién se descubrían, a escondidas, aprovechando cualquier descuido de nuestros amigos. Esa mañana supe al fin que mi amor era correspondido, no pudo ser más perfecto, ambos lo quisimos, ambos dimos el paso sin adelantos... el camino de regreso fué lo más difícil, me hubiera quedado ahi, en esa playa recóndita corriendo a su lado. Pero no, habríamos de irnos dejando las huellas de nuestros pies, de su cadera y mis rodillas disolviéndose, pero para mí, quedarían como las pisadas de Armstrong en la luna.

De regreso en la eurovan disumuladamente nuestras manos jugaban tras el respaldo y me dije, ¡ahora sé lo que és! Benditos los enamorados, con todo y sus dilemas, con todo y sus corazones rojos y demás cursilerías... bendito.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Quimera.

Los humanos tenemos la capacidad de reconstruirnos, reinventarnos y resurgir tantas veces como nuestra existencia amerite. En esas metamorfosis de supervivencia, se corren riesgos, y uno de los más horripilantes es el no reconocer en sí mismo todo lo que hubo de bueno o enriquecedor en "la vida pasada", no se niegan los lapsos de aprendizaje y experiencia, simplemente se asimilan hasta el fondo del ser, y yacen ahi como si siempre hubiesen sido parte de uno. Personas, rostros, sensaciones y percepciones, muchas cosas se desvanecen en la memoria emocional e intelectiva, y permanecen solo por los esfuerzos que la cotidianidad y multiplicidad de encuentros conllevan: fotografías y filmes cortos que acontecen en la proyección de una soledad que no puede tragarse así misma. Entonces es como todo parece ajeno, los rostros extraños, y hasta el propio reflejo en el espejo miente, sonríe aun cuando el corazón destrozado y vacío no ejerce más control en la visión romántica del filósofo tardío, que murió en el pasado siglo. Es entonces cuando la quimera surge, entre dos mundos, uno de anhelos y esperanza, otro de incertidumbre, vacío y miedo...¿puede ser alguien capaz de ser y sentir todo ésto a la vez? Las posturas formales podrían decir mil cosas, pero ante el espíritu solo hay una verdad: todo inicia y acabo hoy, repitiéndose constante e invariable hasta el día en que flotemos como minúsculos polvos.

No reconocerse nada tiene que ver con saber quién se és. Uno puede estar seguro de que pretende buscar, querer o comprender, saber que lugar se puede ocupar en el vasto inconsciente multitudinario, y sin embargo carecer del sentido real para seguir en pié o justificar su verdadera finalidad. Es ahí cuando pierdes toda motivación, un hombre verdadero no se conforma con lo que está dictado para él, un verdadero hombre busca incansablemente para lograr ver por encima de aquello en lo que cree y en lo que no cree, pero ser uno mismo tiene un altísimo precio, vivir en frustración constante, y será entonces ésta el ángel que nos lleve de un plano a otro, de la vida a la muerte, de ser el vencido a ser el ganador, de caer y de volar de nuevo. Así la línea que creías delgada pero firme, desaparece por completo, y las aguas turbias y putrefactas se mezclan con las aguas benditas y holísticas, es así, como uno se convierte en un monstruo de múltiples formas, cúmulos de sensaciones, emociones sin control, sentimientos que impactan unos contra otros cada segundo, exponerse a la tórrida realidad del mundo sin mantos, donde ya no importa si hay error o desacierto, porque ahora todo es relativo, "si" y "no" son una mísma cosa, ni todo el conocimiento de los hombres es siquiera una pista, el universo mismo toma el alma por su casa, y con la quietud transcicional de un cometa lejano puedes transitar a donde quieras, sin dirección conocida, inalcanzable, con ese dulce sabor de la locura.

Me encanta ser, ser lo que sea, ser todo o ser nada, ser alguien o un don nadie, construir y destruir, dañar y curar, ver la inmensidad y cegarme, ser sangre que hierve en los escondrijos carnales o frío témpano inderretible, ser presa y cazador, sabio e ignorante, bendito o maldito... ahora sé que yo soy único, pero tambien tan igual a los demás, que por más lejos que mi alma viaje, sigo aquí, que puedo amar más allá de aquello que nisiquiera puedo explicar y entregarme sin esperar nada, pero tambien puedo odiar sin piedad ni razón, arrebatar con maldad anticipada y disfrutar sus resultados, disfrutarlos y sufrirlos. Solo puedo decir finalmente, a manera de una nota que se escapa a la melodía y se pierde en el viento... que hermoso és...

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Es raro, pero a veces me siento tan preparado para partir e iniciar de nuevo en cualquier otro lugar, para transformar a profundidad mi propia escencia e incluso morir tranquilo y satisfecho. Es en ésos momentos que el cuerpo estorba, aun más los pensamientos y las preocupaciones mundanas, el ser y estar con otros, todo, absolutamente todo se reduce a nada; sobrellevado por una vasta incertidumbre que se cura con el saber que todo tiene un final, dulce o no, es el último, un paso a la nada, a un paraíso o un infierno, como sea, todo supone una nueva prueba, y dentro de las novedades y los nuevos hogares, siempre es posible comenzar de nuevo. He ahí la verdadera y única inmortalidad.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Para Frank Margareth Crow

Ahora mismo estuve pensando tan profundamente en ti, amiga. Quizá suene ridículo decirlo, pero hasta hoy no había sentido de una manera tan certera y evidente (con una ráfaga que recorre el cuerpo, que pausa mis latidos y humedece mis ojos) la forma en que afectas mi vida.
Sé que puedo ser alguien horrible a veces, tan frío y desinteresado, lejano y poco metido en los detalles, que olvido gran parte de los buenos recuerdos y casi nunca estoy cuando realmente se me necesita... me cuesta trabajo asimilar las cosas tan hermosas que siempre me haz dicho, que me han fortalecido y ayudado a creer más en mí, como si solo tú fueras capaz de aflorar esa grandeza. Ahora que he completado ese gran proceso inicial, del cual indudablemente fuiste la mejor parte, es tiempo de darte gracias, y no lo digo porque hayas sido un maestro para mí, o el guía perfecto que siempre tuvo una respuesta o solución(*), nos estrellamos tantas veces, que si nos detenemos a pensar, fué algo realmente difícil (la agudeza de nuestras esencias nos hicieron ver todo con relativa tranquilidad), nuestra amistad ha sido un gran reto, y lo anterior(*) lo digo más bien, porque tu sigues siendo la única persona que en verdad me conoce, la que ha visto mis límites y ante la cual no tengo ninguna reserva: no puedo ocultarte nada, y aunque no nos veamos, con algún afán extraño, terminas siempre por descubrirme con una excatitud mágica, como si el tiempo no hubiese pasado.
Podría decirte tantas cosas, pero hacerlo sería tratar de ponerme a nivelar lo mucho que tu haz abordado y visto florecer en mí, y sin embargo, me quedaría tan lejos de lo que eso en verdad significa, muy lejos de lo hermosa que en realidad eres.
Lo más valioso que la vida nos ha regalado es el poder conversar, serena y largamente. Debo confesarte que no existe una sola persona más sobre este mundo, o al menos no le he conocido, con la cual las palabras sean tan simples y solemnes, con la cual el tiempo parezca no pasar, porque nuestras pláticas nunca son sosas ni vacías, por más trivial que sea el motivo. Francisca, mi Frank, somos tan distintos, pero nos une el amor por este mundo, la capacidad para apreciar lo que es en verdad bello, todo a través de un elemento imprescindible: el poder de las palabras, nuestras cómplices que pueden mantenernos al tanto a pesar de la distancia, y que sirven como un punto de anclaje para sentir que caminas a mi lado cuando me siento solo y sin el entendimiento de nadie, que ejecutan la vida y la muerte, que pueden hundir pero tambien pueden resucitar.
Eres la mejor persona que conozco, por mucho amiga. Pero aunque nunca te hubiera conocido, me sentiría feliz por saber que allá afuera existen seres como tú, que aun sueñan, que tiene fé, que nunca ceden ante el miedo y dejan el alma luchando por aquello en lo que creen. Siempre he sido algo orgulloso, aunque no lo parezca, pero solo en un sentido: el hecho de que no me gusta compararme con nadie y prefiero escribir solo mi historia, sin ejemplos a seguir o lineas dilectas, pero, creo que si existe alguien al cual yo podría dictar como lo que debería ser un ejemplo de ser humano, uno que guarda la sensibilidad y pasión de un romántico y la inocencia de un niño, pero fusionado con la enorme fuerza de un guerrero sin límites y la locura de todos los soñadores del mundo. En estos tiempos de violencia y dolor, de frialdad e incertidumbre, estar cerca de ti y poder sentir paz, saber que todo está bien... es lo mejor que me han regalado.
Te debo muchos de los momentos más felices y de los recuerdos que al final marcarán mi vida.
Soy muy afortunado. De alguna forma siempre termino por mezclarme con las personas más raras y fascinantes, talentosas y únicas, pero dentro de todas esas estrellas eres la más brillante. Y pues, que más podría decir, eres uno de mis mayores orgullos, mi doc, lo más cercano a un ángel, hasta ahora y después de mi madre, la mujer de mi vida, la que más amor me ha profesado, y porque así lo he decidido, aunque sea algo simbólico, eres mi eterna amante de la luna.
Te quiero.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Asincronía

El tabaco húmedo, con su añejo artificial que recuerda un rancio encierro enmohecido... hombre hecho de madera vieja, termitas espectrales carcomen todo rastro.
El tabaco último se ha extinguido, los rastros del humo llevan en sus alas trémulas trozos amorfos de mi alma.

La noche es una ramera, cómplice traidora del deseo extinto, serena e inocua me apuñala con su frio aliento de diciembre, tan, tan certero...
Me quedo flotando yo también...

Quisiera, sólo a veces, morir. Hace ya mucho que estoy listo, como anciano milenario que espera inmóvil y perpetuo un tiempo sin compás que se alce como nota final, canto réquiem.
La corriente mendiga de hada maléfica encanta el espacio en que paseo ignoto, sigo unos pasos, más no sé de quién...

Mis reservas se acercan al límite más bajo, se están agotando y debo aceptarlo.
Ya no puedo absorver más la luz de este mundo, y en tinieblas quimeras me engullo, en arroyos de murmullos bestiales sucumbo, aproximándome a la quietud del sepulcro.

El árbol se ha secado y su última semilla.
Los grillos infernales cantan versos póstumos, versos de hojarasca.
Se seca también la flor, y con ella el corazón.
Se interrumpe y mancilla...
Arrastra ventizca...

viernes, 7 de noviembre de 2008

A veces, al andar en la urbanidad nocturna me vuelvo a sentir como si nadie supiera que existo, y que solo me acompaña mi sombra ingenua, que me sigue como un perro fiel, esperando que arroje alguna migaja que sacie su propio deseo de ser, de encontrar un lugar para sí más allá de lo que por lógica adaptabilidad parece estar capacitado para cometer, pero no, se conforma con ser sombra, es lo que saben hacer las sombras, para eso se hicieron.
Todos somos seres dobles, y en la noche nuestros otros "yo" salen a relucir, en la noche hay un doble de todo, un nuevo mundo paralelo nace ante la mirada costumbrista de los automovilistas cansados y los transeúntes vagos que no alcanzaron el último autobús.
Sigo caminando, hace un frío delicioso, mis botas rechinan con el asfalto y en los valdíos anexos a la carretera el viento peina las hierbas secas, componiendo una siniestra melodía acorada por los carros que se alejan.
De pronto siento una nostalgia, pequeña, pero lo suficientemente chispeante en mi silencio, que logra arrancarme una lágrima barata y telenovelezca, que complaciente me atrevo a convertir en nna intrépida cascada salada... ya me duelen los pies, pienso, y no, no me duelen, imagino eso porque las botas me aprietan y me enderezan la postura, son como un instrumento de muda tortura que me mantienen en pacto de castidad con mi simiente.
Quisiera poder salir volando de ahí, pero ya es tarde y los sueños se fueron a dormir, es de imaginarse, últimamente están muy solicitados en éstos tiempos de incertidumbre y decreciente esperanza, van a la baja.
Pensando ésto me he aburrido ya a mi mísmo, lo cual no es conveniente porque aun falta camino para llegar a casa... de pronto, hasta mi sombra se ha ido...